martes, 17 de marzo de 2020

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lunes, 16 de marzo de 2020

Reposteo 2020

5° 1° y 5° 3° Clases Ilustración y Generación del 37

Las ideas de la ilustración en la Revolución de Mayo

¿De qué hablamos cuando hablamos de Ilustración?

La ilustración o Iluminismo es un período histórico-cultural europeo que alcanza su máximo desarrollo en el siglo XVIII en Francia, Inglaterra y Alemania. Es un movimiento intelectual con una gran fe en la razón humana como instrumento capaz de conocer la realidad, y en función de ese instrumento y de los hechos sensibles, someter a crítica las nociones heredadas del pasado en todos los terrenos (el conocimiento, la naturaleza, la historia, la sociedad, la religión). Esta pretensión es la expresó el filósofo alemán Immanuel Kant hacía fines del siglo XVIII al decir que el espíritu de la Ilustración se condensa en la consigna: "Atrévete a saber", "Ten el valor de servirte de tu propia razón."

La ilustración como progreso de la humanidad


"[...] Nuestra época gusta llamarse la época de la filosofía [...] La viva efervescencia de los espíritus. Esta efervescencia ataca con violencia a todo lo que se pone por delante, como una corriente que rompe sus diques. Todo ha sido discutido, analizado, removido, desde los principios de las ciencias hasta los fundamentos de la religión revelada, desde los problemas de la metafísica hasta los del gusto, desde la música hasta la moral, desde las cuestiones teológicas hasta las de la economía y el comercio, desde la política hasta el derecho de gentes y el civil."
Jean D´Alambert (1717-1783) , Ensayo sobre los elementos de la filosofía

"Tal es el fin de la obra que he emprendido y cuyo resultado consistirá en mostrar, mediante el razonamiento y los hechos , que no ha sido señalado termino al perfeccionamiento de las facultades humanas, que la perfectibilidad del hombre es realmente indefinida."
Condorcet, Esquema de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano (1795)
Las ideas de la Ilustración en Mariano Moreno
Nace en 1778 en Buenos Aires. Hijo de padre español y madre criolla. Forma parte de la élite letrada.
A los doce años Moreno ingresó en el Real Colegio de San Carlos, el cual se hallaba organizado con las cátedras de Latín, filosofía, teología y moral. A los dieciocho años, Moreno parte hacía el Alto Perú, el centro minero más importante de América del Sur, en búsqueda de un título, que era una de las vías de incorporación a los círculos dirigentes. Se graduó de abogado.
Tuvo acceso a los escritos de la ilustración francesa en la biblioteca del clérigo Matías Terrazas.

jusnaturalismo y contractualismo
El "jusnaturalismo" remite a la existencia de derechos naturales, de los cuales serían propietarios innatos los seres humanos: a la vida, libertad, igualdad, etc. Son concebidos como anteriores al Estado y la sociedad.
La concepción contractualista parte de una hipótesis según la cual los seres humanos, nacidos como individuos presociales, debido a diferentes circunstancias deciden asociarse, es decir, vivir en sociedad. ¿Por qué los seres humanos deciden constituir un Estado? Para salir de un estado de naturaleza considerado invivible por que es el ámbito de "la guerra de todos contra todos", como señalaba Hobbes, ya sea para la recomposición de un estado de naturaleza virtuoso que ha sido desquiciado por la civilización, tal como pensaba Rousseau, o bien para la mejor protección de derechos individuales que son naturales e inalienables, según lo concebía Locke.

La política reemplaza a la religión, y progresivamente el fundamento divino dejará lugar al principio de soberanía popular. Se ha mudado la sede del poder supremo, es decir, de la soberanía que ha pasado del rey por derecho divino a un nuevo sujeto: el pueblo soberano.
Teoría de la "retroversión de poderes"
Ya cuando en España comienzan a aparecer las juntas que se arrogan la capacidad de cubrir el vacío político tras el cautiverio del rey,una fundamentación recurre a la tradición populista del jesuita Francisco Suárez (1548-1617). El poder político no se implanta directamente sobre el monarca sino sobre el pueblo, el cual a su vez lo transfiere al rey. La línea de derivación del poder (Dios-pueblo-rey) posibilita que, ante la violación del pacto por parte del monarca o ante su desaparición sin legítimo sucesor, el pueblo recupere los poderes enajenados en el monarca.

Moreno escribe en diciembre de 1810: "[....] el rey es amado y respetado, y nos unen a su sagrada persona iguales vínculos a los que forman la fidelidad y vasallaje de los pueblos de España.[...] La autoridad de los pueblos en la presente causa se deriva de la reasunción del poder supremo, que por el cautiverio del Rey ha retrovertido al origen de que el Monarca lo derivaba"

En "Sobre el Congreso convocado y constitución del Estado" apela a una argumentación más radical, en el que reconoce que el pacto de sujeción al rey impera en España:
"Los pueblos de España consérvense enhorabuena dependientes del rey preso, esperando su libertad y regreso. Ellos establecieron la monarquía, y envuelto el príncipe actual en la línea que por expreso pacto de la nación española debía reinar sobre ella, tiene derecho a reclamar la observancia del contrato social en el momento de quedar expedito para cumplir por si mismo la parte que le compete.
[en cambio] la América en ningún caso puede considerarse sujeta a aquella obligación:ella no ha concurrido a la celebración del pacto social de que derivan los monarcas españoles los únicos títulos de la legitimidad de su imperio. La fuerza y la violencia son la única base de la conquista que agregó estas regiones al trono español; conquista que en trescientos años no ha podido borrar de la memoria de los hombres las atrocidades y horrores con los que fue ejecutada... Ahora, pues, la fuerza no induce derecho, ni puede nacer de ella una legítima obligación que nos impida resistirla, apenas podamos hacerla impunemente: pues, como dice Juan Jacobo Rousseau,una vez que recupera el pueblo su libertad, por el mínimo derecho que hubo para depojarle de ella, o tiene razón para recobrarla o no la había para quitársela."
Moreno edita El contrato social de Rousseau para su difusión, y en el prólogo sostiene que gracias a él "los pueblos aprendieron a buscar en el pacto social la raíz y único origen de la obediencia."

Teorías económicas de la Ilustración: la fisiocracia.

La fisiocracia significa el "gobierno de la naturaleza" . La naturaleza es vista como una realidad autónoma (autos nomos "estar dotado de leyes propias, independientes.") La riqueza circula como la sangre; esto es, la naturaleza tienen leyes que determinan un funcionamiento espontáneo (natural) que no debe ser interferido por el accionar humano. La consigna "Dejar hacer, dejar pasar" quiere decir que no hay que intervenir en la economía, sino dejar que la libre iniciativa de los productores, la libertad de empresa, guíe, con su mano invisible, el curso de la riqueza.
Para la fisiocracia la riqueza de las naciones reside en la agricultura, en la cual el laboreo de la tierra contribuye a la constitución de buenos sujetos sociales, a diferencia de otras prácticas económicas que alientan la ganancia improductiva, la especulación o la usura.
En Representación de los labradores y hacendados (1809) Moreno da cuenta de la situación de emergencia planteada en las colonias a partir de la invasión de Francia a España y el cautiverio del rey Fernando VII.
"Cortada casi del todo nuestra correspondencia con la Metrópoli en la última guerra, no hemos podido recibir las remesas necesarias para el consumo de la Provincia", mientras los frutos y producciones del país permanecen abarrotando los depósitos al no poder exportarse.
La demanda principal en defensa de sus representados reside en que la metrópoli acepte el libre cambio con los ingleses:
"[...] hallándose agotados los fondos y los recursos de la Real Hacienda por los enormes gastos que ha sufrido, en tan triste situación no se presentó otro arbitrio que el otorgamiento de un permiso a los mercaderes ingleses para que, introduciendo en esta ciudad sus negociaciones, puedan exportar los frutos del país , dando alguna actividad a nuestro decadente comercio con crecidos ingresos al erario."
Esta defensa librecambista implica la aceptación de la división internacional del trabajo, dentro de lineamientos que sostenían la conveniencia de asociarse con Inglaterra en tanto proveedora de productos manufacturados a cambio de bienes primarios provenientes de la actividad agropecuaria.
"[...] Acostumbrado a que la tierra le rinda en proporción a la constancia y orden con que la cultiva, se hace por precisión justo y severo, y aborrece la arbitrariedad y el desorden. No así los comerciantes: estudiando sin cesar los medios de hacerse con dinero, y teniendo siempre a la vista sus intereses particulares, se habitúan a sufrirlo todo y a presenciar tranquilamente la opresión y tiranía del mundo entero, [en la medida en que] sus intereses aumenten o no padezcan".
Se establece en esta cita una contraposición entre la virtud del agricultor y el egoísmo del comerciante propicia para avalar la defensa de sus representados y colocarlos dentro de una moral republicana. Ellos son "aquellas personas que la naturaleza misma enseño a ser virtuosas y rectas", a quienes "no les agita el sórdido interés de una especulación envuelta en crímenes, sino el justo anhelo de hacer útil y estimable el fruto de la tierra y que hicieron fecunda con sus sudores."



Documentos

PROCLAMA DE TIAHUANACO
Juan José Castelli
[25 de Mayo de 1811]

Los sentimientos manifestados por el gobierno superior de esas provincias desde su instalación se han dirigido a uniformar la felicidad en todas las clases, dedicando su preferente cuidado hacia aquella que se hallaba en estado de elegirla más ejecutivamente. En este caso se consideran los naturales de este distrito, que por tantos años han sido mirados con abandono y negligencia, oprimidos y defraudados en sus derechos y en cierto modo excluidos de la mísera condición de hombres que no se negaba a otras clases rebajadas por la preocupación de su origen.
Así es que, después de haber declarado el gobierno superior, con la justicia que reviste su carácter, que los indios son y deben ser reputados con igual opción que los demás habitantes nacionales a todos los cargos, empleos, destinos, honores y distinciones por la igualdad de derechos de ciudadanos, sin otra diferencia que la que presta el mérito y aptitud: no hay razón para que no se promuevan los medios de hacerles útiles reformando los abusos introducidos en su perjuicio y propendiendo a su educación, ilustración y prosperidad con la ventaja que presta su noble disposición a las virtudes y adelantamientos económicos. 
En consecuencia, ordeno que siendo los indios iguales a todas las demás clases en presencia de la ley, deberán los gobernadores intendentes con sus colegas y con conocimiento de sus ayuntamientos y los subdelegados en sus respectivos distritos, del mismo modo que los caciques, alcaldes y demás empleados, dedicarse con preferencia a informar de las medidas inmediatas o provisionales que puedan adoptarse para reformar los abusos introducidos en perjuicio de los indios, aunque sean con el título de culto divino, promoviendo su beneficio en todos los ramos y con particularidad sobre repartimiento de tierras, establecimientos de escuelas en sus pueblos y excepción de cargas impositivas indebidas: pudiendo libremente informarme todo ciudadano que tenga conocimientos relativos a esta materia a fin de que, impuesto del por menos de todos los abusos por las relaciones que hicieren, pueda proceder a su reforma.
Últimamente declaro que todos los indios son acreedores a cualquier destino o empleo que se consideren capaces, del mismo modo que todo racional idóneo, sea de la clase y condición que fuese, siempre que sus virtudes y talentos los hagan dignos de la consideración del gobierno y a fin de que llegue a noticia de todos se publicará inmediatamente con las solemnidades de estilo, circulándose a todas las juntas provinciales y su subalterna para que de acuerdo con los ayuntamientos celen su puntual y exacto cumplimiento, comunicando a todos lo subdelegados y jueces de su dependencia estas mismas disposiciones: en inteligencia de que en el preciso término de tres meses contados desde la fecha deberán estar ya derogados todos los abusos perjudiciales a los naturales y fundados todos los establecimientos necesarios para su educación sin que a pretexto alguno se dilate, impida, o embarace el cumplimiento de estas disposiciones. Y cuando enterado por suficientes informes que tengo tomados de la mala versación de los caciques por no ser electos con el conocimiento general y espontáneo de sus respectivas comunidades y demás indios, aun sin traer a consideración otros gravísimos inconvenientes que de aquí resultan, mando que en lo sucesivo todos los caciques sin exclusión de los propietarios o de sangre no sean admitidos sin el previo consentimiento de las comunidades, parcialidades o aíllos (Ayllus) que deberán proceder a elegirlos con conocimiento de sus jueces territoriales por votación conforme a las reglas que rigen en estos casos, para que beneficiada en estos términos se proceda por el gobierno a su respectiva aprobación.
Dr. JUAN JOSE CASTELLI
Dr. José Bernardo de Monteagudo, secretario.

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Proclama al Ejército de los Andes
1819
Ya no queda duda de que una fuerte expedición española viene á atacarnos: sin duda alguna los gallegos creen que estamos cansados de pelear y que nuestros sables y bayonetas ya no cortan ni ensartan; vamos á desengañarlos. La guerra se la tenemos de hacer del modo que podamos. Si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos ha de faltar; cuando se acaben los vestuarios nos vestiremos con las bayetitas que nos trabajan nuestras mujeres, y sino andaremos en pelotas como nuestros paisanos los indios. Seamos libres y lo demás no importa nada. Yo y vuestros oficiales os daremos el ejemplo en las privaciones y trabajos. La muerte es mejor que ser esclavos de los maturrangos. Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el país enteramente libre ó morir con ellas como hombres de coraje.
Mendoza, 1819

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Decreto sobre supresión de honores.
6 de diciembre de 1810. Orden del día
En vano publicaría esta Junta principios liberales, que hagan apreciar a los pueblos el inestimable don de su libertad, si permitiese la continuación de aquellos prestigios, que por desgracia de la humanidad inventaron los tiranos, para sofocar los sentimientos de la naturaleza. Privada la multitud de luces necesarias, para dar su verdadero valor a todas las cosas; reducida por la condición de sus tareas a no extender sus meditaciones más allá de sus primeras necesidades; acostumbrada a ver los magistrados y jefes envueltos en un brillo, que deslumbra a los demás, y los separa de su inmediación; confunde los inciensos y homenajes con la autoridad de los que los disfrutan; y jamás se detiene en buscar a el jefe por los títulos que lo constituyen, sino por el voto y condecoraciones con que siempre lo ha visto distinguido. De aquí es, que el usurpador, el déspota, el asesino de su patria arrastra por una calle pública la veneración y respeto de un gentío inmenso, al paso que carga la execración de los filósofos, y las maldiciones de los buenos ciudadanos; y de aquí es, que a presencia de ese aparato exterior, precursor seguro de castigos y todo género de violencias, tiemblan los hombres oprimidos, y se asustan de si mismos, si alguna vez el exceso de opresión les había hecho pensar en secreto algún remedio.
¡Infelices pueblos los que viven reducidos a una condición tan humillante! Si el abatimiento de sus espiritus no sofocase todos los pensamientos nobles y generosos, si el sufrimiento continuado de tantos males no hubiese extinguido hasta el deseo de libertarse de ellos, correrían a aquellos países felices, en que una constitución justa y liberal da únicamente a las virtudes el respeto, que los tiranos exigen para los trapos y galones abandonarían sus hogares, huirían de sus domicilios, y dejando anegados a los déspotas en el fiero placer de haber asolado las provincias con sus opresiones, vivirían bajo el dulce dogma de la igualdad que raras veces posee la tierra, porque raras veces lo merecen sus habitantes. ¿Qué comparación tiene un gran pueblo de esclavos, que con su sangre compra victorias, que aumenten el luxo, las carrozas, las escoltas de los que lo dominan, con una ciudad de hombres libres, en que el magistrado no se distingue de los demás, sino porque hace observar las leyes, y termina las diferencias de sus conciudadanos? Todas las clases del estado se acercan con confianza a los depositarios de la autoridad, porque en los actos sociales han alternado francamente con todos ellos; el pobre explica sus acciones sin timidez, porque ha conversado muchas veces familiarmente con el juez que le escucha; el magistrado no muestra seño en el tribunal, a hombres que después podrían despreciarlo en la tertulia; y sin embargo no mengua el respeto de la magistratura, porque sus decisiones son dictadas por la ley, sostenidas por la constitución, y ejecutadas por la inflexible firmeza de hombres justos é incorruptibles.
Se avergonzaría la Junta, y se consideraría acreedora a la indignación de este generoso pueblo, si desde los primeros momentos de su instalación, hubiese desmentido una sola vez los sublimes principios, que ha proclamado. Es verdad que consecuente a la acta de su erección decreto al Presidente en orden de 28 de mayo los mismos honores, que antes se habían dispensado a los virreyes; pero este fue un sacrificio transitorio de sus propios sentimientos, que consagró al bien general de este pueblo. La costumbre de ver a los virreyes rodeados de escoltas y condecoraciones habría hecho desmerecer el concepto de la nueva autoridad, si se presentaba desnuda de los mismos realces; quedaba entre nosotros el virrey depuesto; quedaba una audiencia formada por los principios de divinización de los déspotas; y el vulgo que solo se conduce por lo que ve, se resentiría de que sus representantes no gozasen el aparato exterior, de que habían disfrutado los tiranos, y se apoderaría de su espíritu la perjudicial impresión, de que los jefes populares no revestían el elevado carácter, de los que nos venían de España. Esta consideración precisó a la Junta a decretar honores al Presidente, presentando al pueblo la misma pompa del antiguo simulacro, hasta que repetidas lecciones lo dispusiesen a recibir sin riesgo de equivocarse el precioso presente de su libertad. Se mortificó bastante la moderación del Presidente con aquella disposición, pero fue preciso ceder a la necesidad, y la Junta ejecutó un arbitrio político, que exigían las circunstancias, salvando al mismo tiempo la pureza de sus intenciones con la declaratoria, de que los demás Vocales no gozasen honores, tratamiento, ni otra clase de distinciones.
Un remedio tan peligroso a los derechos del pueblo, y tan contrario a las intenciones de la Junta, no ha debido durar sino el tiempo muy preciso, para conseguir los justos fines, que se propusieron. Su continuación sería sumamente arriesgada, pues los hombres sencillos creerían ver un virrey en la carroza escoltada, que siempre usaron aquellos jefes; y los malignos nos imputarían miras ambiciosas, que jamás han abrigado nuestros corazones. Tampoco podrían fructificar los principios liberales, que con tanta sinceridad comunicamos; pues el común de los hombres tiene en los ojos la principal guía de su razón, y no comprenderían la igualdad, que les anunciamos, mientras nos viesen rodeados de la misma pompa y aparato, con que los antiguos déspotas esclavizaron a sus súbditos.
La libertad de los pueblos no consiste en palabras, ni debe existir en los papeles solamente. Cualquier déspota puede obligar a sus esclavos, a que canten himnos a la libertad; y este cantico maquinal es muy compatible con las cadenas, y opresión de los que lo entonan. Si deseamos que los pueblos sean libres, observemos religiosamente el sagrado dogma de la igualdad. ¿Si me considero igual a mis conciudadanos, porque me he de presentar de un modo, que les enseñe, que son menos que yo? Mi superioridad solo existe en el acto de ejercer la magistratura, que se me ha confiado; en las demás funciones de la sociedad soy un ciudadano, sin derecho a otras consideraciones, que las que merezca por mis virtudes.
No son estos vanos temores de que un gobierno moderado pueda alguna vez prescindir. Por desgracia de la sociedad existen en todas partes hombres venales y bajos, que no teniendo otros recursos para su fortuna, que los de la vil adulación, tientan de mil modos a los que mandan, lisonjean todas sus pasiones, y tratan de comprar su favor a costa de los derechos, y prerrogativas de los demás. Los hombres de bien no siempre están dispuestos ni en ocasión de sostener una batalla en cada tentativa de los bribones; y así se enfría gradualmente el espíritu público, y se pierde el horror a la tiranía. Permítasenos el justo desahogo de decir a la faz del mundo, que nuestros conciudadanos han depositado provisoriamente su autoridad en nueve hombres, a quienes jamás trastornara la lisonja, y que juran por lo más sagrado, que se venera sobre la tierra, no haber dado entra a en sus corazones a un solo pensamiento de ambición o tiranía: pero ya hemos dicho otra vez, que el pueblo no debe contentarse con que seamos justos, sino que debe tratar, de que lo seamos forzosamente. Mañana se celebra el congreso, y se acaba nuestra representación; es pues un deber nuestro, disipar de tal modo las preocupaciones favorables a la tiranía, que si por desgracia nos sucediesen hombres de sentimientos menos puros, que los nuestros, no encuentren en las costumbres de los pueblos el menor apoyo, para burlarse de sus derechos. En esta virtud ha acordado la Junta el siguiente reglamento, en cuya puntual é invariable observancia empeña su palabra, y el ejercicio de todo su poder.
1º El artículo 8º de la orden del día 28 de mayo de 1810, queda revocado y anulado en todas sus partes.
2º Habrá desde este día absoluta, perfecta, e idéntica igualdad entre el Presidente, y demás Vocales de la Junta, sin mas diferencia, que el orden numerario, y gradual de los asientos.
3º Solamente la Junta reunida en actos de etiqueta y ceremonia tendrá los honores militares, escolta, y tratamiento, que están establecidos.
4º Ni el Presidente, ni algún otro individuo de la Junta en particular revestirán carácter público, ni tendrán comitiva, escolta, o aparato que los distinga de los demás ciudadanos.
5º Todo decreto, oficio, y orden de la Junta deberá ir firmado de ella, debiendo concurrir cuatro firmas cuando menos con la del respectivo Secretario.
6º Todo empleado, funcionario público, o ciudadano, que ejecute órdenes, que no vayan suscriptas en la forma prescripta en el anterior artículo, será responsable al gobierno de la ejecución.
7º Se retiraran todas las centinelas del palacio, dejando solamente las de las puertas de la Fortaleza, y sus bastiones.
8º Se prohíbe todo brindis, viva, o aclamación pública en favor de individuos particulares de la Junta. Si éstos son justos, vivirán en el corazón de sus conciudadanos: ellos no aprecian bocas, que han sido profanadas con elogios de los tiranos.
9º No se podrá brindar sino por la patria, por sus derechos, por la gloria de nuestras armas, y por objetos generales concernientes a la pública felicidad.
10 Toda persona, que brindase por algún individuo particular de la Junta, será desterrado por seis años.
11 Habiendo echado un brindis D. Atanasio Duarte, con que ofendía la probidad del Presidente, y atacó los derechos de la patria, debía perecer en un cadalso; por el estado de embriaguez en que se hallaba, se le perdona la vida; pero se destierra perpetuamente de esta ciudad; porque un habitante de Buenos Aires ni ebrio ni dormido debe tener impresiones contra la libertad de su país.
12 No debiendo confundirse nuestra milicia nacional con la milicia mercenaria de los tiranos, se prohíbe que ningún centinela impida la libre entrada en toda función y concurrencia pública a los ciudadanos decentes, que la pretendan. El oficial que quebrante esta regla será depuesto de su empleo.
13 Las esposas de los funcionarios públicos políticos y militares no disfrutaran los honores de armas ni demás prerrogativas de sus maridos: estas distinciones las concede el estado a los empleos, y no pueden comunicarse sino a los individuos que los ejercen.
14 En las diversiones públicas de toros, ópera, comedia no tendrá la Junta palco, ni lugar determinado: los individuos de ella, que quieran concurrir, compraran lugar como cualquier ciudadano; el Excmo. Cabildo, a quien toca la presidencia y gobierno de aquellos actos por medio de los individuos comisionados para el efecto, será el que únicamente tenga una posición de preferencia.
15 Desde este día queda concluido todo el ceremonial de iglesia con las autoridades civiles: estas no concurren al templo a recibir inciensos, sino a tributarlos al Ser Supremo. Solamente subsiste el recibimiento en la puerta por los canónigos y dignidades en la forma acostumbrada. No habran coxines, sitial, ni distintivo entre los individuos de la Junta.
16 Este reglamento se publicara en la gaceta, y con esta publicación se tendrá por circulado a todos los jefes políticos, militares, corporaciones, y vecinos, para su puntual observancia.

Dado en Buenos Aires en la Sala de la Junta a 6 de diciembre de 1810
Cornelio de Saavedra.
Miguel de Azcuénaga.
Dr. Manuel de Alberti.
Domingo Mateu.
Juan Larrea.
Dr. Juan José Paso, Secretario.
Dr. Mariano Moreno, Secretario.
Publicado en Gaceta de Buenos Aires. 8 de diciembre de 1810

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Creación de La Gazeta de Buenos Ayres
Mariano Moreno

Desde el momento en que un juramento solemne hizo responsable a esta Junta del delicado cargo que el pueblo se ha dignado confiarle, ha sido incesante el desvelo de los individuos que la forman para llenar las esperanzas de sus conciudadanos. Abandonados casi enteramente aquellos negocios a que tenían vinculada su subsistencia, contraídos al servicio del público, con una asiduidad de que se han visto aquí pocos ejemplos, diligentes en proporcionarse todos los medios que puedan asegurarles el acierto; ve la Junta con satisfacción que la tranquilidad de todos los habitantes acredita la confianza con que reposan en el celo y vigilancia del nuevo Gobierno.
Podría la Junta reposar igualmente en la gratitud con que públicamente se reciben sus tareas; pero la calidad provisoria de su instalación redobla la necesidad de asegurar, por todos los caminos, el concepto debido a la pureza de sus intenciones. La destreza con que un mal contento disfrazase las providencias más juiciosas, las equivocaciones que siembra muchas veces el error,  y de que se aprovecha siempre la malicia, el poco conocimiento de las tareas que se consagran a la pública felicidad, han sido en todos los tiempos el instrumento que limando sordamente los estrechos vínculos que ligan el pueblo con sus representantes produce al fin una disolución que envuelve toda la comunidad en males irreparables.
Una exacta noticia de los procedimientos de la Junta, una continuada comunicación pública de las medidas que acuerde para consolidar la grande obra que se ha principado, una sincera y franca manifestación de los estorbos que se oponen al fin de su instalación y de los medios que adopta para allanarlos, son un deber en el gobierno provisorio que ejerce, y un principio para que el pueblo no resfríe en su confianza, o deba culparse a sí mismos si no auxilia con su energía y avisos a quienes nada pretenden, sino sostener con dignidad los derechos del Rey y de la Patria, que se le han confiado. El pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes, y el honor de éstos se interesa en que todos conozcan la execración con que miran aquellas reservas y misterios inventados por el poder para cubrir los delitos.
¿Por qué se han ocultado a las provincias sus medidas relativas a solidar su unión, bajo el nuevo sistema? ¿Por qué se les ha de tener ignorantes de las noticias prósperas o adversas que manifiesten el sucesivo estado de la Península? ¿Por qué se ha de envolver la administración de la Junta en un caos impenetrable a todos los que no tuvieron parte en su formación? Cuando el Congreso general necesite un conocimiento del plan de gobierno que la Junta Provisional ha guardado, no huirán sus vocales de darlo, y su franqueza desterrará toda sospecha de que se hacen necesarios o temen ser conocidos, pero es más digno de su representación fiar a la opinión pública la defensa de sus procedimientos y que cuando todos van a tener parte en la decisión de su suerte, nadie ignore aquellos principios políticos que deben reglar su resolución.
Para el logro de tan justos deseos ha resuelto la Junta que salga a la luz un nuevo periódico semanal, con el título de Gazeta de Buenos Ayres, el cual sin tocar los objetos que tan dignamente se desempañan en el Semanario del Comercio anuncie al público las noticias exteriores e interiores que deban mirarse con algún interés.
En él se manifestarán igualmente las discusiones oficiales de la Junta con los demás jefes y gobiernos, el estado de la Real Hacienda y medidas económicas para su mejora; y una franca comunicación de los motivos que influyen en sus principales providencias abrirá la puerta a las advertencias que desee dar cualquiera que pueda contribuir con sus luces a la seguridad del acierto.
La utilidad de los discursos de hombres ilustrados que sostengan y dirijan el patriotismo y fidelidad, que tan heroicamente se ha desplegado, nunca es mayor que cuando el choque de las opiniones pudiera envolver en tinieblas aquellos principios, que los grandes talentos pueden únicamente reducir a su primitiva claridad; y a la Junta, a más de incitar ahora generalmente a los sabios de estas provincias, para que escriban sobre tan importantes objetos, los estimulará por otros medios que les descubran la confianza que pone en sus luces y en su celo.
Todos los escritos relativos a este recomendable fin se dirigirán al señor vocal Dr. D. Manuel Alberti, quien cuidará privativamente de este ramo, agregándose por la secretaría las noticias oficiales cuya publicación interesa. El pueblo recibirá esta medida como una demostración sincera del aprecio que hace la Junta de su confianza; y de que no anima otro espíritu sus providencias que el deseo de asegurar la felicidad de estas providencias (Orden de la Junta).
Gaceta de Buenos Aires, 7 de junio de 1810.

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Acá está la clase de la generación del 37


Después de ver la clase, vamos a leer el capitulo 1 del libro "Facundo o Civilización y Barbarie" de Domingo F. Sarmiento, el libro está aquí o en casi cualquier librería de casi cualquier barrio y seguro seguro en cualquier Biblioteca Popular.

miércoles, 23 de octubre de 2019

desarrollismo




Reseña del trabajo de Carlos Altamirano Bajo el signo de las masas. (1943-1973), Biblioteca del Pensamiento Argentino VI, Ariel Historia, Buenos Aires, 2001.

Desarrollo y Desarrollistas. Después de Perón.

La Revolución Libertadora depuso el gobierno del general Perón en septiembre de 1955. El gobierno provisional quedó en manos del general Lonardi, que representaba el ala nacionalista del ejército que promovía una suerte de peronismo sin Perón. Sus hombres fueron simpatizantes del fascismo y del golpe del 4 de junio de 1943 por lo que establecieron un diálogo con la CGT en el marco de una política negociadora que se sintetizaba en la frase de Lonardi “ni vencedores ni vencidos”. Sin embargo, un golpe dentro del golpe lo depuso y fue reemplazado por el general Aramburu que respondía al sector liberal de las Fuerzas Armadas, que estaba encabezado por el almirante Rojas. El objetivo, entre otros, pasó a ser la desperonización de la sociedad y para ello se intervino la CGT y se disolvió el Partido Peronista, entre otras medidas represivas contra la dirigencia política y sindical del peronismo.

Con la caída de Perón, se abre “lo que Juan Lach ha llamado “el gran debate” sobre el desarrollo económico nacional, comenzado en los años treinta y clausurado, al menos como discusión expuesta a la luz pública, desde 1946”. (p. 51). Cuando el asesor del régimen, Raúl Prebisch,  presenta un diagnóstico de la situación económica argentina y sus recomendaciones para la toma de medidas, este plan se convertirá en el centro del debate: específicamente en lo referente a la necesidad de reajuste de divisas para promover la producción agraria. Independientemente de las voces que se alzaron tildando de antiindustrialista el informe, la cuestión del reajuste del tipo de cambio era lo que determinaba el centro de la cuestión. Reajustar el tipo de cambio traía como consecuencia inmediata el aumento de los precios internos, lo cual iba en detrimento del salario real de los trabajadores. “Si para hacer frente a esa suba, continuaba el razonamiento del asesor económico, se hicieran ajustes masivos de sueldos y salarios, se alentaría nuevamente la espiral de costos y precios y la inflación se llevaría el estímulo de la producción rural. Era necesario pagar un precio, en resumen, por el reordenamiento económico.” (p. 53). Es decir, el precio debía ser pagado por la clase obrera. De este modo, se “puso en el centro la preocupación por los efectos sociales y políticos de un plan económico que imponía austeridad y sacrificios de los asalariados”. (p. 54). La voz de la Unión Cívica Radical expresada en Oscar Alende sostenía que “si ese plan era resistido, la revolución no debía malograr sus principios originales recurriendo al establecimiento de un estado gendarme”. (p. 54).
El autor resume que el informe Prebisch abrió no solamente el debate en cuanto a las relaciones entre el país agrario y el país industrial; la función del Estado en el desarrollo económico frente a la iniciativa privada; el capital extranjero y el capital nacional; el problema energético (petróleo) sino también cómo encauzar a los vastos sectores de la sociedad alineados con la figura de Perón, totalmente descontentos con su derrocamiento.

Este contexto histórico hizo posible que irrumpieran las tesis que tenían como centro del pensamiento político y económico, la idea de desarrollo (como sucedió en los demás países de la región). “Después de 1955 y durante los quince años siguientes, la problemática del desarrollo atrajo e inspiró a una amplia franja intelectual, tuvo más de una vez en funciones de gobierno a portavoces y expertos enrolados en alguna de sus tendencias, y sus temas hallaron adeptos entre los principales partidos políticos. “ (p. 55) De este modo, el desarrollismo ocupó todo el centro de discusiones tanto en los centros académicos e intelectuales como así también los partidos políticos, la Iglesia Católica y las Fuerzas Armadas. Todas las tesis asociadas con la economía de desarrollo tenían en común que era el Estado quien debía impulsar el desarrollo del país a partir de su industrialización y el abandono del lugar de mero exportador de materias primas: los países en vías de desarrollo no dejarían el atraso sin emprender la construcción de una estructura industrial totalmente integrada.

El autor señala que las ideas no eran novedosas ya que muchas de ellas habían sido formuladas durante el peronismo. Pero sí lo era el vocabulario teórico que se empleaba como así también la circulación pública de ese discurso, en términos dramatizados. “Las reformas que exigía el desarrollo no eran sólo necesarias, eran impostergables y acuciantes, su cumplimiento apenas si dejaba ya tiempo” (p. 57)

En el contexto de la guerra fría entre las dos potencias mundiales, los movimientos anticoloniales de Asia y África, sumado a la Revolución Cubana, llevaron a la cuestión del camino que debía emprenderse con el objetivo a ese desarrollo. El autor cita a Jorge Graciarena enunciando el dilema: “Dos alternativas políticas de desarrollo: cambio gradual o revolución”. En Argentina hasta mediados de la década del sesenta, el desarrollismo se identificó con la vía gradual. Sin embargo, entonces, surgió otra alternativa: la vía autoritaria al desarrollo.

Como ya se ha resaltado, el discurso referido al desarrollo impregnó a todos los centros intelectuales, académicos y políticos del país. Pero su máxima expresión se dio en las figuras de Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio, que impulsaron “un movimiento ideológico, una empresa política y una fórmula, integración y desarrollo, para dar respuesta a los dos interrogantes capitales de la Argentina posperonista: ¿Qué rumbo debía tomar el capitalismo argentino?¿qué hacer con el peronismo, en particular con las masas peronistas?
El primer texto desarrollista de Arturo Frondizi, que señala Altamirano como “un verdadero manifiesto modernista”, fue editado bajo el título Industria argentina y desarrollo nacional en 1957. El texto enfatizaba que el Estado debía ser el motor del desarrollo mediante la industrialización integrada de todo el país, contando con la fuerza tanto del empresariado como de trabajadores. No obstante el lugar ocupado por el Estado, Frondizi también daba un destacado lugar a ocupar por la iniciativa privada.

La usina del pensamiento desarrollista estaba dada por el semanario Qué, que sirvió de órgano de difusión de las ideas y posteriormente de estrategia electoral. Altamirano sostiene que sus ideas no son innovadoras y se pueden rastrear al pensamiento tanto nacionalista como marxista de la década del cuarenta. En citas de publicaciones el semanario, Altamirano destaca su análisis marxista que hace hincapié en la imposibilidad argentina de constituirse en país independiente por su base material:

“La causa de esa deficiencia nacional radica en la base material del país, en su estructura económica, producto de una historia que hizo de la Argentina una sociedad jurídicamente libre, pero económicamente dependiente”. (p. 60). Así planteaban que la Nación, definida como construcción histórica, se realizaría a partir de constituirse en una comunidad económicamente independiente. Y esa independencia sólo se obtenía con el desarrollo industrial integrado de todo el país, aunque luego agregarían que debía tratarse del desarrollo de la industria pesada.

Si bien en un sus inicios el semanario Qué marcaba una distancia con la política partidaria, a partir de 1956 “se transformó en el vehículo de un discurso militante que conjugaba nacionalismo e industrialismo y auspiciaba una fórmula social y política: el “frente nacional” o “nacional y popular”. De esta forma, comenzaron a postular la candidatura de Frondizi a presidente en un movimiento que “tendría en Frigerio su principal ideólogo y en Frondizi su jefe político”. (p. 61). Este movimiento buscaba la convergencia del radicalismo intransigente y el peronismo, la clase media y la clase obrera. De esta forma se construyó un “otro”: de un lado la clase obrera y el empresariado enfrentados al país subdesarrollado agroexportador. El autor cita a David Viñas al definirlos como “el antiliberalismo formulado en términos de izquierda y la posibilidad de entendimiento con lo popular”. (p. 63).

Frondizi gana las elecciones con el apoyo del Unión Cívica Radical Intransigente, sumado a los votos de un amplio abanico que iba desde el nacionalismo al comunismo. Pero el peronismo, proscripto, le dio los votos decisivos, luego de un acuerdo entre Frigerio y Perón en el exilio. A poco de asumir el 1° de mayo vio su gobierno tutelado por las Fuerzas Armadas, en una vigilancia permanente. “Recelado de servir al juego del comunismo o del peronismo, cedió una y otra vez a la presión anticomunista o antiperonista, sin desprenderse nunca de la sospecha de que hacía el juego a uno de ellos o a ambos al mismo tiempo”. (p. 64)

En menos de un año de mandato se deshizo la coalición que lo había llevado a la presidencia. Si bien Frondizi durante la campaña electoral había hecho esbozos de los lineamientos que iba a tener su presidencia, no había renunciado al programa oficial de la UCRI. Sin embargo, recién cuando asumió se hizo público su plan desarrollista. El otrora líder antiimperialista asignó un fuerte papel a los capitales extranjeros para el logro del desarrollo industrial del país, bajo el argumento de la rapidez con que debía llegarse al objetivo. Altamirano citará diferentes respuestas que dieron posteriormente Frondizi y Frigerio con respecto al camino emprendido. En líneas generales, se puede resumir que tenían la convicción que el camino al desarrollo no debía ser gradual sino rápido y que la Argentina no contaba con ahorro interno suficiente para encarar ese cambio estructural con la celeridad necesaria. De este modo se debió abrir el país a la entrada de capitales extranjeros. El descrédito de Frondizi frente a sus votantes, fue inmenso.

Arturo Frondizi, resume el autor, atribuyó su derrocamiento en 1962 a los intereses que se opusieron a su programa desarrollista. Sin embargo, la interpretación de Altamirano es diferente. El autor señalará que la vicisitudes que atravesó el gobierno frondizista y su desenlace final, tuvieron más que ver con dos cuestiones políticas (el peronismo y la Revolución Cubana) que antagonismos socioeconómicos (país industrial vs. país agroexportador).

La antítesis peronismo y antiperonismo gravitaba, e iba a continuar haciéndolo, en la política argentina. El integracionismo introducido por el gobierno frondizista no satisfizo ni a unos ni a otros y fue acusada “por sus adversarios de no ser más que una táctica de Frondizi y Frigerio para el retorno disimulado del peronismo y aún de Perón al poder. Los peronistas, por su parte, empleando los medios que tenían a su disposición (el control de los sindicatos, el capital de los votos o la acción directa) presionarían para que el juego político no se normalizara con su exclusión.” (p. 73) Así el gobierno se vio jaqueado por ambos bandos y como respuesta su actitud fue compensar a uno y otro bando, de acuerdo a las circunstancias. Aún sabiendo que no contaba con la fuerza suficiente para ganar en elecciones, no tuvo más remedio que permitir la participación del peronismo en las elecciones del 18 de marzo de 1962. El triunfo de los candidatos peronistas fue la gota que necesitaban las Fuerzas Armadas para dar el golpe cívico-militar que terminó con su gobierno.

El otro factor político que Altamirano atribuye a las crisis del gobierno de Frondizi, fue la Revolución Cubana de 1959. Este acontecimiento  histórico y su posterior desenvolvimiento fue eje de un gran debate en la política nacional. En un principio las fuerzas antiperonistas veían en la lucha inclaudicable de Fidel contra Batista, un paralelismo de la lucha contra Perón que Frondizi no estaba encarando a la altura de las circunstancias. El posterior giro de la Revolución Cubana, los alejó de toda simpatía o apoyo. Sin embargo, el verdadero problema se suscitó para el gobierno frondizista a partir de 1960 en que comienza el conflicto entre Cuba y Estados Unidos, en el marco de la puja estratégica de las dos superpotencias.

Independientemente de los giros en la política frondizista frente a la presión de EEUU por romper relaciones diplomáticas con Cuba, no se puede comprender la magnitud del fenómeno sin analizar los cambios que se estaban gestando desde la década del cincuenta al interior de las Fuerzas Armadas, que  llevaron al presidente a tomar decisiones aún más drásticas dentro de nuestro país. Las Fuerzas Armadas nacionales estaban en un proceso de reformulación doctrinaria, asesorados por militares franceses. La que luego sería llamada Doctrina de Seguridad Nacional, clamaba por un nuevo tipo de ofensiva, la guerra comunista revolucionaria, que se gestaba al interior de los países, en distintos frentes (universidades, sindicatos, partidos) y con múltiples caras. Se debía redefinir el frente externo ya que la nueva contienda se daría en el frente interno.

Frondizi declara frente al Congreso de EEUU en 1959 que “La verdadera defensa del continente consiste en eliminar las causas que engendran la miseria, la injusticia y el atraso cultural”, como cita Altamirano. Anteponía el desarrollo a la seguridad. Al compás de las presiones norteamericanas vuelve a reformular su tesis, en un intento de persuasión al presidente Kennedy: “La agresión comunista, la verdaderamente peligrosa, consiste en que ofrece una esperanza de salida a la miseria”. (p. 75) En su análisis, el desarrollo y la democracia eran los pilares para evitar el comunismo así como la fuerza iba a llevar a Cuba a incrementar sus lazos con los países comunistas. La administración Kennedy lanza la Alianza para el Progreso como cara visible de dar respuesta reformista al peligro de la revolución, al mismo tiempo que promovió la Doctrina de Seguridad Nacional.

Bajo el gobierno de Frondizi, así como en el posterior desarrollo histórico argentino, se cruzan peronismo y Doctrina de Seguridad Nacional. Frente a la ofensiva obrera y las presiones militares que lo acechaban, en 1959 Frondizi instaura la aplicación del Plan CONINTES (Conmoción Interna del Estado), que había sido elaborado por el peronismo pero nunca puesto en práctica. Las luchas obreras fueron respondidas con la militarización de importantes ciudades y zonas industriales, la intervención de numerosos sindicatos, los allanamientos y encarcelamientos de dirigentes, que pasaron a ser juzgados por tribunales militares.

Perón....Perón


 Reseña del trabajo de Daniel James. Resistencia e integración. El peronismo y la clase trabajadora argentina. 1946-1976. Editorial Sudamericana. Buenos Aires, 1990.

Para James encontrar los fundamentos de identificación de la clase trabajadora con el peronismo implica reconocer dimensiones de la realidad que indaguen cuestiones que exceden el objetivo aumento de su fuerza social producto de la mayor industrialización, como así también los cambios en su composición y la integración de las organizaciones obreras al aparato del estado. Sin dejar de reconocer el ineludible rol de las mejoras materiales expresadas en los niveles de salarios y bienestar social, es necesario buscar en otras causas menos tangibles.


Años de conservadurismo resultaban reactivos a sus valores liberales. Se destaca la resignificación que realiza el peronismo del concepto de ciudadanía, concebido por el liberalismo en términos de derechos individuales donde el Estado y la política se encontraban escindidos de la sociedad civil. El peronismo ubica la ciudadanía en un espectro más amplio de reconocimiento de las relaciones económicas y sociales. En tal sentido el peronismo logra captar el proceso real de aumento de la fuerza social de los trabajadores en su reconocimiento como clase y sujeto político con derecho a organizarse y tener acceso al Estado. Asimismo, en contraste con la década infame cargada de humillación y frustración, tanto individual como colectiva, representadas en la dureza de las condiciones de trabajo y la disciplina laboral, los trabajadores identifican en el peronismo su dignificación, una condición herética contra los valores culturales y simbólicos precedentes.

El peronismo concebía al Estado como un espacio de disputa entre distintas clases sociales que se organizaban política y socialmente en defensa de sus intereses corporativos. El rol del Estado era de una suerte de árbitro identificado en la figura de Perón, que sin embargo se ubicaba por fuera de la pertenencia a cualquiera de ellos. Más allá de los fuertes rasgos personalistas del régimen peronista durante el segundo mandato éstos quedan subordinados a la afirmación de la fuerza social y organizativa de los trabajadores como clase con su incorporación al manejo del Estado en tanto sujetos del cambio y desarrollo de la nación impulsando la industrialización y el nacionalismo económico con el objetivo de la “Argentina potencia” en contra de quienes querían atar los intereses nacionales a los de Gran Bretaña y Estados Unidos bajo el rol de proveedores de materias primas. Es así que los trabajadores asocian el peronismo a la industrialización y a ellos mismo como los sujetos que la llevan adelante.

Para James la identificación del peronismo con el progreso industrial y social y con la modernidad no está tanto relacionado a su programa político dado que en parte aspectos programáticos del peronismo eran compartidos por su oposición política. Sin embargo, en manos del peronismo resultaban de mayor credibilidad en tanto que parte de los partidos de la oposición mantenían relaciones con instituciones y símbolos de las elites oligárquicas tradicionales del Jockey Club y de la Sociedad Rural. Asimismo, desde el punto de vista que la constitución de la fuerza social de la clase trabajadora se efectúa a partir del crecimiento industrial habiendo encontrado su cohesión organizativa y política a partir de esa base económica por iniciativa de Perón desde la Secretaría de Trabajo y Bienestar Social, en sus manos el discurso del progreso a partir de la industrialización resultaba más verosímil. Este discurso a su vez iba acompañado de una negación que tal progreso implicaba mayor explotación, sino por el contrario implicaban la justicia social y la soberanía nacional. La credibilidad adquiere un carácter central para James.

Perón posee gran habilidad para dirigirse a la clase obrera absorbiendo diversas sensibilidades en un discurso que posee una retórica concreta que eleva a un nivel superior a la clase trabajadora donde pueblo y nación están constituidos principalmente por los obreros, donde los términos son intercambiables o sintetizados en la definición “pueblo trabajador”. Asimismo, está cargado de un sentido de inmediatez que afirma la suficiencia de las condiciones culturales de la clase obrera tal cual es, negando la necesidad de una elite política iluminada y denostando el intelectualismo.

Quizás aquí este lo central de la identificación de la clase trabajadora con el peronismo. Su carácter herético reside en haber sido capaz de dar expresión al espíritu de irreverencia que ya hacia 1945 se transformaba en crisis política con la puesta en cuestionamiento de las relaciones sociales, tendiendo a superar la autoridad y el “sentido de los límites” mostrando una recuperación de la confianza de la clase obrera en sus propias fuerzas y poniendo a la defensiva a las elites.

El legado del peronismo resulta ambivalente en el sentido que al mismo tiempo que plantea un reconocimiento de la clase obrera como tal, y por ende de su fuerza social, este reconocimiento es efectuado bajo la lógica de establecer un límite a sus aspiraciones sociales y evitar que se desplieguen en toda su potencialidad. Para establecer este límite el peronismo se apoyaba en un realismo de supuesta visión política limitada de la clase obrera, es así que las referencias utópicas como el fin de la explotación eran creíbles a partir de la acción concreta de Perón en contraposición a las promesas políticas efectuadas durante la década infame. Esta credibilidad se sintetizaba en: “¡Perón cumple!”.

El peronismo canalizó la emergencia social y política de la clase obrera con una fenomenal potencia hacia su institucionalización y regimentación para desviar el desafío herético de su primer momento absorbiéndolo bajo una “nueva ortodoxia patrocinada por el Estado”, una suerte de “desmovilización pasiva”. Su expresión es que la fuerte organización sindical cohesionada y vertical es puesta en función de actuar como representante de los intereses del Estado en el movimiento obrero. Toda la fuerza desarrollada por los trabajadores eran canalizados hacia la idea de desarrollar la comunión de los intereses entre el capital y el trabajo, la colaboración entre clases opuestas en la búsqueda de un capitalismo humano que desarrolle la economía de la nación en base al compromiso social en oposición a un capitalismo internacional e inhumano.

La experiencia de la clase trabajadora con el peronismo no se agota en los establecimientos fabriles sino que se funda también en razones políticas de una particular forma de movilización y discurso político atractivos. En un sentido la clase trabajadora es constituida en fuerza social en el discurso político del peronismo que con cierto éxito logra imponer la idea de armonía social. Sin embargo, su conformación contiene un desarrollo previo independiente que encuentra en Perón soluciones concretas a sus problemas. En tal sentido puede entender como una interacción en dos direcciones.

De aquel sentido herético que ponía en cuestión los límites de lo establecido y a la propia autoridad emerge, peronismo mediante, un movimiento sindical con un profundo espíritu reformista fuertemente subordinado al Estado, impidiendo el surgimiento de un sindicalismo activo y autónomo. De todos modos, la legislación laboral reconociendo derechos de los trabajadores y la obtención de determinadas condiciones de bienestar que perduraran, si bien son apropiadas como conquistas del peronismo, son un reconocimiento a lo que los trabajadores consiguieron en sus luchas y movilizaciones confirmando inevitablemente su fuerza social dentro del capitalismo. Al mismo tiempo constituyen conquistas difícilmente reversibles. En este sentido, se visualiza la imposibilidad del peronismo para desarrollarse como opción hegemónica en el capitalismo en tanto que su fortaleza se convierte en la debilidad de utilizar la fuerza social de la clase obrera desde un ángulo opuesto al que utilizo para constituir su poder político. Los trabajadores eran concientes de su fuerza social, aunque esta era entendida bajo la clave de la colaboración de clases.

 Reseña del trabajo de Mario Rapoport, Historia económica, política y social de la Argentina   (1880 – 2003) – Capítulo 4 Los gobiernos peronistas.

En lo económico el primer peronismo se caracterizo por: importancia del mercado interno, nacionalismo económico, estatismo y papel central de la industrialización. La característica fue que la implementación de estas medidas se valió de un conjunto de instrumentos e instituciones heredadas del régimen anterior y fueron complementadas con nuevos organismos. Pero el cambio más importante fue la aplicación de políticas sociales que provocaron una fuerte redistribución de los ingresos y del poder adquisitivo para los sectores trabajadores y más pobres. Esto duro hasta la crisis de los ´50 donde se aplicaron políticas más ortodoxas.
El IAPI fue un instrumento que garantizo su propio monopolio estatal de venta para participar del comercio internacional. Este vendía al exterior los productos agrarios y les pagaba a los productores con moneda nacional, quedándose con la diferencia entre el peso y la divisa. Estos recursos obtenidos eran transferidos a la industria. De esta manera el Estado obtenía las ganancias de las exportaciones agropecuarias, que anteriormente habían sido usufructuadas por los grandes oligopolios internacionales y sus subsidiarios locales.
-Tercera posición y relación con Latinoamérica
El país estaba lejos de lograr la independencia económica: primero porque la industria era de sustitución de importaciones y gran parte de los bienes de producción eran importados, por lo tanto se quedaba ligado a los ciclos económicos mundiales y su crecimiento seguía dependiendo de las divisas de las exportaciones agropecuarias; segundo porque esa industria seguía siendo en gran parte de bienes de consumo y no de base; en tercer lugar la redistribución de los ingresos reposaba sobre los altos precios de los productos agropecuarios en el mercado internacional. Esto fue el por que de la inflación.
La gran inflación era de tipo estructural ya que estaba vinculada al carácter de subdesarrollo de la economía argentina que a pesar del proceso de industrialización, continuaba preservando una base agroexportadora que ponía limites precisos a su capacidad de expansión.
            A partir de 1952, con la gran caída de precios agrícolas, el gobierno se dio una política de subsidios para la productividad pero limitada y con base en la importación de maquinaria.
            El congreso de la Productividad de 1952 puso límite a la política de aumento salarial y al aumento de los ritmos de producción y mejor relación con los empresarios.           
             El nuevo Estado peronista (1954-1955) estuvo atravesado por una fuerte crisis económica que afectaba fuertemente las bases de sustento del peronismo. La política para enfrentar esta situación movilizo al apoyo popular y puso hincapié en los controles represivos. “La política de agitación del peronismo adquirió un tono marcadamente nacionalista y antioligárquico. El partido peronista, dando su aporte a la victoria electoral de Perón, adquirió un rol mas relevante, lo que intensifico la radicalización política del país”.
            Otra crisis que debió afrontar el gobierno, fue la muerte de Eva Perón, que le quitaba al mismo un referente importantísimo en la movilización de las masas.
La cuestión se agravo aun más cuando los sindicatos en 1953 comenzaron a denunciar el incremento del costo de vida, la corrupción gubernamental, las investigaciones en la comercialización de la carne, cuyo principal implicado era Juan Duarte, quien se suicido.
Todo esto llevo al gobierno a replantearse su política. Y a plantear una política de “conciliación”, que en lo económico implicaba una reapertura al comercio estadounidense, una disminución de los ataques a los yanquis en los discursos, tanto de Perón como de la prensa oficialista. En lo político se dio libertad a presos políticos conservadores, radicales y socialistas (Ley de Admistía).
Pese a esta política y al triunfo electoral para vicepresidente, que dio a Perón una garantía de apoyo popular, el malestar político seguía adoptando un carácter cada vez más agudo. A esto se le sumaba otro malestar para el gobierno peronista que era su relación con la iglesia que se había vuelto conflictiva, produciéndose ataques de ambas partes.
            En política exterior se adopto la “tercera posición”. Luego del alejamiento comercial con Gran Bretaña, si bien apoyaba a occidente en la Guerra fría, no aceptaba subordinarse a EEUU. Seguía la idea de no intervenir en cuestiones de otros países, de integración  con otros vecinos formando una unidad latinoamericana. Se rechazaba cualquier alianza con EEUU que generara subordinación. En la política económica se imputaba una mayor variedad y amplitud de mercados, sobre todo en lo que respecta al comercio regional, no adhiriendo a organismos internacionales como el FMI o el BM. “La política exterior del gobierno peronista oscilo así entre la confrontación nacionalista y el pragmatismo negociador, aspectos que estuvieron presentes de manera permanente, aunque el predominio de uno o de otro, en lo diversos periodos, reflejó los alcances del programa reformista del gobierno, la variación de su fuerza interna y los cambios de los márgenes que le brindaba el escenario internacional y latinoamericano.
Se desarrollaron así nuevos ejes comerciales con regiones como la URSS y el ya nombrado regionalismo que permitía una mejor relación con los países latinoamericanos, para contrarrestar con ello el debilitamiento del comercio con las potencias, a lo cual se sumaba la situación interna,  ya que el apoyo que antes recibía Perón, se vio debilitado. Con lo cual, “las relaciones exteriores se convirtieron en un ejercicio de supervivencia en el marco de una espiral de presiones contrapuestas que contribuyeron al debilitamiento y caída del gobierno”.
Estas nuevas relaciones estuvieron marcadas por convenios bilaterales por los cuales Argentina se transformaba en mercado para los productos de las nuevas regiones y se aseguraba a su vez la provisión de bienes para los planes quinquenales, y la colocación de los productos nacionales en los nuevos mercados.
            Los aspectos que solucionaron la crisis hegemónica de la oligarquía, fueron una serie de sucesos que permitieron a la misma, como parte de los grupos opositores recobrar su posición política y poder formar parte con las FFAA del golpe que derrocaría a Perón. Por un lado, la oposición estaba segura de que el presidente ya no movilizaría a sus partidarios para defender el gobierno ante cualquier intento de golpe, a lo cual se sumaba un gobierno ya desquebrajado, cuyas fuerzas estaban debilitadas. Esto se vio demostrado en la política de Perón de impulsar un compromiso con la oposición política y las clases dominantes, entre ellas la oligarquía, política que se vio destinada al fracaso ya que la oposición interpreto esta política como una debilidad y desorientación que facilitaría el accionar golpista. Según el autor el golpe dejaba entrever la necesidad de la oligarquía y el resto de los sectores económicos claves, de reencausar la orientación económica del gobierno. Estos sectores dudaron que el peronismo fuese capaz, en esos momentos, de llevar a cabo una conducción coherente de una nueva fase del desarrollo capitalista.
A principios de 1949 empiezan a notarse los primeros signos de la crisis económica que empezó por desequilibrios del sector externo pero que tienen base en problemas del ámbito interno. Según el autor confluyeron distintos factores:
  1. un vuelco desfavorable del marco internacional, con respecto a la inversión de la balanza de pagos.
  2. la caída de las reservas internacionales, como consecuencia, en parte de los gastos públicos, gastos para industrialización y del proceso de compra y nacionalización de servicios.
  3. El problema estructural y en particular el sector agrario y el agotamiento de una política redistributiva y de acentos industriales con las limitaciones antes dichas (bienes de consumo y dependencia de bienes de base).

En el plano internacional un elemento que perjudico fue el Plan Marshall que jugo contra las exportaciones argentinas. Osea que para el autor, el factor que origino la crisis fue la recuperación de Europa que restringió las exportaciones. Los países europeos cooperaron entre ellos y además el Plan Marshall no alcanzo a los países latinoamericanos por que a EEUU no le convenía por que era un gran productor y exportador de materias primas agropecuarias. A esto se le sumo la gran sequía que se sucedió en los anos 1949-50 y 1950-51 que género grande pérdidas en cereales, lino y girasol.
            Para el autor, si bien el déficit comercial creció rápidamente en 1951 y 1952, esto no debe oscurecer la interpretación del origen de la crisis. “El desequilibrio externo solo ponía de manifiesto debilidades estructurales de la economía argentina y el camino seguido por el proceso de industrialización; que constituían, en conjunto las causas reales de los trastornos mencionados".
En líneas generales, la política de la tercera posición, fue la política exterior peronista de no alineación con ninguno de los dos bloques en conflictos. Esto quería decir que si bien se reconocía como parte del mundo occidental, no se quería subordinar a las órdenes de EEUU. Además se planteaba la cooperación con los países latinoamericanos y con los del tercer mundo, parara así poder aprovechas la disputa de los bloques para poder negociar en mejores condiciones con ellos. De esta manera la Argentina podría comerciar tanto con EEUU y el campo occidental como con la URSS y sus satélites. En este marco la relación con los EEUU fue complicada.
            En lo económico se intento mantener el viejo esquema triangular en función de la industrialización. Esto era exportar a GB y Europa a fin de obtener divisas para la compra de bienes y equipos para la producción que solo podían, en ese momento, ser provistos por EEUU. Entre 1946 y 1948 GB siguió siendo el mayor comprador de las exportaciones argentinas y EEUU el mayor proveedor de Argentina.
            En el plano diplomático eran donde se presentaba divergencias como las antes nombradas con respecto a la conformación del bloque latinoamericano. Aparte, diversos acontecimientos complicaron la relación aun más. Ante la escasez de divisas, la Argentina debió reducir sustancialmente el comercio con los EEUU y suspender el cambio para la remisión de dividendos de empresas extranjeras. Las presiones internas de ambos países agudizaron el conflicto entre el gobierno argentino y la prensa norteamericana.
            En 1950 la situación internacional (guerra de Corea y agudización de la guerra fría) acerco mas a los dos países ya que EEUU priorizo el sistema interamericano e integro a la Argentina en el mismo por su posición estratégica. Al mismo tiempo del lado argentino jugaban diversos hechos y tendencias a favor del acercamiento. “En el plano externo, la quiebra de la triangulación promovida por la inconvertibilidad de la libra, la acentuación del esquema bipolar y el cambio de orientación de las corrientes comerciales mundiales. En lo interno, la crisis económico-financiera, expresión del techo alcanzado por las reformas peronistas y de la limitación del proceso de industrialización.
            Las respuestas económicas del gobierno peronista a la crisis de 1951-52 abrieron una nueva etapa en la relación con los EEUU. El gobierno planteo la necesidad de estimular la inversión de capitales extranjeros como complemento del capital privado nacional y del Estado, lo que se reflejo en la Ley de Inversiones Extranjeras de 1953. Además esto se daba en el marco internacional de un cambio de estrategia mas agresiva norteamericana, con la gestión de Eisenhower, contra el contra el comunismo, que dejaba abierta la puerta a la Argentina.
Sin embargo, en 1954, en la X Conferencia Interamericana de Cancilleres en Caracas, convocada por el Departamento de Estado yanqui, los EEUU intentaron hacer aprobar su propuesta de formar un eje americano anticomunista. Los países latinoamericanos aceptaron la propuesta meno Guatemala que voto en contra y México y Argentina que se abstuvieron, volviendo esta ultima a poner distancia con respecto a la política internacional.
Para el autor, la política de los EEUU hacia la argentina fue de “correcta amistad”, pero a partir de 1954 fue de “presión amistosa”, y en general las relaciones del gobierno peronista con los EEUU estuvieron signadas más por el conflicto que por la armonía.
Según el autor la caída de Perón no se debió a factores económicos, sino a las contradicciones engendradas por una espiral contradictoria de sucesos políticos. El modelo económico sobre el cual el peronismo se baso, tardaría unos cuantos años más en desmantelarse.
La consecuencia de episodios (conflicto con la iglesia, las negociaciones con las empresas petroleras, el deterioro de la situación política interna, que fueron creando sectores enemigos del gobierno o ampliando las ya existentes), la oposición, desde el nacionalismo católico hasta la izquierda liberal -pasando por los radicales, que eran su núcleo mas numeroso- estrecho filas contra Perón. En Mayo de 1955, la convocatoria a una convención constituyente para establecer la separación de la iglesia y el Estado, y la derogación de la Ley de enseñanza religiosa en la escuela pública terminaron de galvanizar el frente político opositor. Por otro lado, las negociaciones petroleras enajenaron los apoyos nacionalistas con que contaba el gobierno dentro de las FFAA, y desconcertaron y paralizaron a las fuerzas sociales que le daban sustento político.
            Para Rapoport la conspiración alentó la actividad política de masas contando con la movilización de vastos sectores de clase media. Por ejemplo, la procesión de Corpus Christi el 11 de junio de 1955, que fue una movilización muy grande que no solo abarco a Buenos Aires y que núcleo a toda la oposición y culminó con la sublevación y bombardeo militar del 16 de junio. Como respuesta a estas acciones, grupos de civiles peronistas quemaron varias iglesias y el arzobispado. Entonces el Vaticano excomulgo a Perón y los medios internacionales también lo condenaron.
            Perón no se apoyo en los trabajadores para resolver la crisis, sino que lo hizo en las FFAA que aun la gran mayoría lo apoyaba. Esto hizo que las FFAA tomaran el papel de árbitro de la situación y limitaron el accionar de Perón hacia una respuesta más de conciliación contra sus oponentes. El llamado a la “pacificación” fue tomado por la oposición como un signo de debilidad.
            La siguiente jugada de Perón fue la de presentar ante las masas su renuncia y provocar una gran movilización en su apoyo convocada por la CGT el 31 de agosto y así hacer una demostración de fuerza frente a los enemigos. El detalle de esta acción fue que el tono de su discurso en la Plaza fue mas agresivo de lo que venia siendo. Esto no asusto a los golpistas, sino que los hizo acelerar sus planes y el gobierno por otro lado no se dio “en serio” ninguna medida para reprimirlo. El 16 de septiembre un golpe de estado llamado “La revolución libertadora” tomo el poder. Para el autor hay tres factores que contribuyeron a su éxito:
  1. Los conspiradores del 16 de junio se dieron cuenta que Perón no iba a acudir a resistir ante un golpe.
  2. Perón confío en las FFAA, pero una parte “confiable” se sumo al golpe y otra muy grande quedo neutralizada.
  3. La conciliación después del 16 de junio fue un signo de debilidad y no de fortaleza para los opositores.

Sin embargo, dentro de las cuestiones económicas del golpe el autor pone de relieve  que los sectores mas poderosos de las burguesías industrial y agropecuarias argentinas dudaban de la disposición del peronismo para conducir una nueva fase de desarrollo capitalista acorde con las tendencias impulsadas por los EEUU tras el fin de la segunda guerra. Solo el derrocamiento del gobierno peronista podía hacer posible ese proyecto que en síntesis era:
    • Entrada irrestricta de inversiones extranjeras.
    • Intensificar el acercamiento a EEUU e incorporar al país a los organismos económicos multinacionales.
    • Eliminar las regulaciones estatales.
    • Subordinar la base social del peronismo a los objetivos de nuevas formas de acumulación.