IMMANUEL KANT
DOCUMENTOS
RESPUESTA A LA PREGUNTA:
¿QUE ES LA ILUSTRACION?*
La ilustración es la salida del hombre de su condición de menor de edad de la cual él mismo es culpable. La minoría de edad es la incapacidad de servirse de su propio entendimiento sin la dirección de otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad, cuando la causa de ella no radica en una falta de entendimiento, sino de la decisión y el valor para servirse de él con independencia, sin la conducción de otro.
¡Sapere aude! Ten valor de servirte de tu propio entendimiento! es pues la divisa de la ilustración.
a pereza y la cobardía son las causas de que la mayoría de los hombres, después que la naturaleza los ha librado desde tiempo atrás de conducción ajena (naturaliter majorennes), permanecen con gusto como menores de edad a lo largo de su vida, por lo cual le es muy fácil a otros el erigirse en tutores.
¡Es tan cómodo ser menor de edad! Si tengo un libro que piensa por mí, un pastor que reemplaza mi conciencia, un médico que dictamina acerca de mi dieta, y así sucesivamente, no necesitaré esforzarme. Si sólo puedo pagar, no tengo necesidad de pensar: otro asumirá por mi tan fastidiosa tarea.
Como la mayoría de los hombres (y entre ellos la totalidad del bello sexo) tienen además por muy peligroso el paso a la mayoría de edad, aquellos tutores ya se han cuidado muy amablemente de asumir semejante control. Después de haber atontadoa su ganado doméstico y de haber impedido cuidadosamente que estas pacíficas criaturas no osen dar un solo paso fuera de las andaderas en que las encerraron, les muestran luego el riesgo que las amenaza si intentan marchar solas. Cierto que ese riesgo no es tan grande, pues tras algunas caídas habrían aprendido a caminar; pero un ejemplo
tal por lo común amedrenta y espanta, impidiendo todo ulterior intento. Por ello le es difícil a cada hombre individual salir de esa minoría de edad casi convertida en su naturaleza. Inclusive le ha cobrado afición y por lo pronto es realmente incapaz de servirse del propio entendimiento, porque jamás se le dejó hacer el ensayo. Reglamentaciones y fórmulas, estos instrumentos mecánicos de un uso racional, o más bien de un abuso de sus dotes naturales, son los grillos que atan a una persistente minoría de edad.
Quien se zafara de ellos daría solo un salto inseguro por encima de la zanja más estrecha por no estar habituado al movimiento libre. Por ello son pocos los que han
logrado, gracias a un esfuerzo del propio espíritu, salir de la minoría de edad y andar, sin embargo, con paso seguro.
Pero, en cambio, es bien posible que el público se ilustre a sí mismo; siempre que se lo deje en
libertad ello es inclusive casi inevitable. Siempre se encontrarán algunos hombres que piensen
por sí mismos, incluso entre los tutores instituidos del montón, quienes después de haber arrojado el
yugo de la minoría de edad propagarán el espíritu de una estimación racional del propio valor y de la vocación que todo hombre tiene de pensar por sí mismo.
Notemos en particular que el público al que con anterioridad los tutores habían puesto bajo este yugo, después los obliga a someterse al mismo cuando algunos de sus tutores, por sí mismos incapaces de toda ilustración, los incita a la sublevación; tan dañino es inculcar prejuicios, ya que ellos terminan por vengarse de los que han sido sus autores o precursores. Por ello puede el público alcanzar ilustración sólo lentamente.
Quizás sea posible producir por una revolución la caída del despotismo personal o de alguna opresión
interesada y ambiciosa; pero jamás se logrará una verdadera reforma del modo de pensar, si no que surgirán nuevos prejuicios que, como los antiguos, servirán de andaderas para el montón que carece de pensamiento.
Pero para esa ilustración sólo se exige libertad y, -por cierto, la más inofensiva de las que pueden-
llamarse libertad, a saber: la libertad de hacer uso público de la propia razón en todo respecto.
Sin embargo oigo exclamar por doquier: ¡no razones!
El oficial dice: ¡no razones, adiéstrate!
El consejero de finanzas; ¡no razones, sino paga!
El pastor; ¡no razones, sino cree! (Sólo un único señor en el mundo
dice: ¡razonad todo lo que queráis, pero obedeced!)
Por todos lados limitaciones de la libertad. Pero ¿qué limitación impide la ilustración y cuál por el contrario, la fomenta? Respondo: el uso público de la razón debe ser libre siempre, y es el único que puede producir la ilustración de los hombres. El uso privado de la misma, en cambio, debe ser con frecuencia severamente limitado, sin que obstaculice con ello particularmente el progreso de la ilustración. Entiendo por uso público de la propia razón, el que alguien hace de ella en cuanto
sabio ante la totalidad del público lector. Llamo uso privado al empleo de la razón que se le permite al hombre en el interior de una posición civil o de una función que se le ha confiado. Ahora bien, en muchas ocupaciones que conciernen al interés de la comunidad es necesario cierto mecanismo por medio del cual algunos de sus miembros se tienen que comportar de modo meramente pasivo, para que, mediante una unanimidad artificial, el gobierno los dirija a fines públicos o, al menos para impedir la destrucción de los mismos. En este caso ciertamente no es permitido razonar, sino
que se debe obedecer. Pero en cuanto esta parte de la máquina se considera miembro de toda una comunidad o, incluso, de la sociedad cosmopolita; y por lo tanto se le estima en la calidad de un sabio que con sus escritos se dirige a un público en el entendimiento propio, puede en todo caso razonar, sin que por ello padezcan los asuntos para los que ha sido designado en parte en cuanto miembro pasivo. Así, sería muy pernicioso si un oficial, a quien su superior ordena algo, quisiera argumentar en voz alta estando de servicio, acerca de la conveniencia o utilidad de esta orden. Tiene que obedecer. Pero no se le puede impedir con justicia el hacer observaciones, en cuanto sabio, acerca de los defectos del servicio militar y presentarlas al juicio del público. El ciudadano no se puede negar a pagar los impuestos que le corresponden, incluso puede ser castigada una censura impertinente
a esa carga, en el momento de pagarla, como un escándalo (que pudiera ocasionar resistencia general).
Pero, en cambio, no actuará el mismo en contra del deber del ciudadano sí, como sabio, manifiesta
públicamente sus ideas acerca de la inconveniencia o injusticia de tales impuestos. De la misma manera, un sacerdote está obligado a enseñar a sus catecúmenos
y a su comunidad según el símbolo de la iglesia a la que sirve, pues ha sido admitido en ella con esta
condición. Pero, como sabio, tiene toda la libertad y hasta la misión de comunicar al público todas sus ideas cuidadosamente examinadas y bien intencionadas acerca de los defectos de ese símbolo; y debe exponerle las propuestas relativas a un mejoramiento de las instituciones de la religión y la iglesia. En esto tampoco hay nada que pudiera provocar en él escrúpulos de conciencia. Pues lo que enseña en virtud de su función como agente de la iglesia lo presenta como algo que no puede enseñar a su arbitrio y según sus propias opiniones, porque se ha comprometido a predicar de acuerdo con lo prescrito y en nombre de otro.
Dirá: "nuestra iglesia enseña esto o aquello", estos son los argumentos de que se sirve. Además, deduce todo lo que es útil para su comunidad de proposiciones a las que él mismo no se sometería con plena convicción, pero que se ha comprometido a exponer, porque no es del todo imposible que en ellas se ocultara alguna verdad y que, al menos, no hay allí en todo caso nada contrario a la religión íntima. Pues si creyese esto último no podría administrar su cargo sin sentir los reproches de su conciencia y tendría que renunciar. Así pues, el uso que un predicador empleado hace de su razón ante la comunidad es meramente privado, pues esta sólo es una reunión familiar, por amplia que sea, y con respecto a la misma no es libre ejecuta un cargo ajeno. Como sabio en cambio, que habla mediante escritos al público propiamente dicho es decir, al mundo, el sacerdote gozará, en el uso
público de su razón, de una libertad ilimitada para servirse de la misma y hablar en nombre propio. Pues pretender que los tutores del pueblo (en cuestiones espirituales) hayan de ser también menores de edad, constituye un disparate que conduce a la eternización del disparate.
Pero, ¿no debería acaso una sociedad de eclesiásticos, como por ejemplo un sínodo de la
iglesia o una respetable Classis (como se llama entre los holandeses), tener el derecho de comprometerse y jurar ante algún símbolo invariable para conducir así a una permanente y suprema tutela sobre cada uno de sus miembros y, a través de ellos, sobre el pueblo, e incluso eternizarla? Digo que es absolutamente imposible. Un contrato semejante, que excluiría para siempre toda ilustración ulterior del género humano es, sin más ni más, nulo e inexistente, aunque fuera confirmado por el poder supremo, los parlamentos y los más solemnes tratados de paz. Una
época no se puede obligar ni juramentar para colocar a la siguiente en una situación en la cual le sea imposible ampliar sus conocimientos (sobre todo los muy urgentes), purificarlos de errores y, en general, avanzar en la ilustración. Eso sería un crimen contra la naturaleza humana, cuya determinación originaria justamente consiste en ese progresar, y la posteridad está plenamente justificada para rechazar aquellos decretos, aceptados de modo incompetente y criminal. La
piedra de todo lo que se puede decidir como ley para un pueblo radica en la cuestión de si un pueblo podría imponerse a sí mismo una ley semejante. Eso sería posible en la esperanza de una ley mejor
en un tiempo corto y determinado para introducir cierto orden, dejando al mismo tiempo a cada ciudadano, principalmente a los sacerdotes en su calidad de sabios, la libertad de hacer sus observaciones públicamente, es decir, por medio de escritos acerca de las deficiencias de la actual institución.
Mientras tanto, y hasta que la comprensión de la índole de estos asuntos se hubiesen extendido lo suficiente públicamente y se hubiese acreditado, de modo que por el acuerdo de sus voces (aunque no la de todos) pudiera elevar ante el trono una propuesta para proteger a aquellas comunidades
que se hubieran unido según los conceptos propios de una mejor comprensión en una disposición
modificada de la religión, sin impedir que los que quieran permanecer fieles a la antigua lo hagan así,
perduraría pues todavía el orden establecido. Pero es algo absolutamente no permitido adherirse a una
constitución religiosa inconmovible que no debe ser puesta en duda públicamente por nadie, aunque sólo fuera durante el tiempo que dura la vida de un hombre, y con ello aniquilar y hacer infecundo un período en el progreso de la humanidad hacia su perfeccionamiento, haciéndolo de este modo nocivo para la posteridad.
Un hombre puede, con respecto a su propia persona y por cierto tiempo, postergar la adquisición
de una ilustración que está obligado a poseer; pero renunciar a ella con relación a la propia persona, y peor aún con referencia a la posteridad, significa violar y pisotear los sagrados derechos de la humanidad. Pero lo que ni siquiera un pueblo puede decidir sobre sí mismo menos lo podrá decidir un monarca sobre el pueblo; pues su autoridad legisladora se basa en que reúne en la
suya la voluntad de todo el pueblo. Si él se preocupa para que cualquier perfeccionamiento verdadero o presunto sea compatible con el orden civil, puede permitir que los súbditos hagan por sí mismos lo que consideren necesario para la salvación de sus almas, pues se trata de algo que no le concierne; pero en cambio, sí le importará mucho evitar que unos impidan a otros con violencia el trabajar,
con toda la capacidad de que sean capaces, por la determinación y el fomento de dicha salvación. Inclusive le causa perjuicio a su majestad si se mezcla en estas cosas, sometiendo a inspección gubernamental los escritos con que los súbditos intentan exponer sus pensamientos lo más
claramente posible, aunque lo hiciera a partir del propio y supremo dictamen, con lo cual se
prestaría al reproche que dice: Caesar non est supra grammaticos, como también y todavía más si se rebajara tanto su poder supremo como para apoyar dentro del Estado el despotismo clerical de algunos tiranos ejercido contra los restantes súbditos.
Luego, si se preguntara: ¿vivimos ahora en una época ilustrada?, responderíamos que no, pero sí en una época de ilustración.
Falta mucho todavía para que la totalidad de los hombres, en su actual condición, sean capaces o pudieran llegar a serlo, de servirse bien y seguramente del entendimiento propio sin la dirección de un extraño en cuestiones religiosas. Sólo que ahora se les abre el campo para trabajar libremente hacia ese fin, y los obstáculos para una ilustración general o para la salida de su culpable minoría de edad son cada vez menores, cosa de la cual tenemos claros indicios. Desde este punto de vista es este tiempo la época de la ilustración o el siglo de Federico.
Un príncipe que no encuentra indigno de sí declarar que tiene por deber no prescribir nada
a los hombres en materia de religión sino dejarles en eso en plena libertad, y que inclusive rechaza para sí el altivo nombre de tolerancia, es él mismo ilustrado y merece que el mundo agradecido
y la posteridad lo ensalcen como aquel que, al menos desde el gobierno, fue el primero en sacar al género humano de la minoría de edad y dejó a cada uno en libertad para que se sirva de su propia razón en todo lo que concierne a cuestiones de conciencia. Bajo él, dignísimos clérigos pueden someter al mundo, sin perjuicio de sus deberes profesionales, en su calidad de sabios, juicios y opiniones que aquí y allá se apartan del símbolo aceptado; y aún más todavía cualquier otro que no esté limitado por ningún deber profesional. Este espíritu de libertad se extiende también hacia el exterior, incluso allí donde debe luchar contra los obstáculos externos de un gobierno que se equivoca en sus obligaciones. Pues le presenta a este un claro ejemplo de que gozando de la libertad no debe haber la menor preocupación por la paz pública y la solidaridad de la comunidad. Los hombres salen
gradualmente del estado de rusticidad por su propio esfuerzo, siempre que no se trate a propósito de mantenerlosartificiosamente en esa condición.
He puesto al punto principal de la ilustración, el de la salida del hombre de su minoría de edad
de la que él mismo es culpable, especialmente en asuntos de religión, porque frente a las artes y
las ciencias nuestros señores no tienen ningún interés en jugar el papel de tutores de sus súbditos. Además, aquella minoría de edad (en cuestiones religiosas) es tanto la más dañina corno la más deshonrosa entre todas. Pero el modo de pensar de un jefe de Estado que favorece esa libertad va todavía más allá y comprende que, con respecto a la legislación, no es peligroso permitir que los súbditos hagan un uso público de la propia razón y expongan públicamente al mundo sus pensamientos acerca de una concepción más perfecta de la misma e incluso una franca crítica de la
existente. También en esto tenemos un brillante ejemplo, pues ningún monarca se anticipó al que nosotros veneramos.
Pero también sólo quien por estar ilustrado no teme las sombras, y, al mismo tiempo, dispone
de un ejército numeroso y disciplinado para garantía de la paz pública, puede decir algo a lo
que no puede atreverse un Estado libre: ¡razonad tanto como querais y sobre lo que querais, pero obedeced!
Se muestra aquí una extraña e inusitada marcha de las cosas humanas; de otro modo, si la contemplamos en la amplitud de su trayectoria, casi todo es en ella paradojal. Un mayor grado de libertad civil parece ventajoso para la libertad del espíritu del pueblo y, sin embargo, le fija límites infranqueables, Un grado menor, en cambio, le procura espacio para extenderse según toda su capacidad. Pues cuando la naturaleza ha desarrollado bajo esta dura cáscara la semilla que cuida con la mayor ternura, a saber, la inclinación y vocación al libre pensamiento, esto repercute gradualmente sobre el modo de sentir el pueblo (con lo cual este se hace poco a poco más capaz de una libertad para actuar) y finalmente sobre los principios del gobierno, que encuentra como provechoso
tratar al hombre, que es algo más que una máquina, conforme a su dignidad."
Buenos días, buenas tardes, buenas noches, mi nombre es Ricardo B. Soy profesor de Historia. En este blog publicaré algunas reseñas de libros de historia y trabajos de investigación de producción propia y expropiados…Además de documentos históricos y otros tipos de artículos con fines educativos. A leer, que los libros no muerden y las pantallas de las computadoras tampoco, sólo te dejan chicato…
martes, 26 de marzo de 2019
miércoles, 13 de marzo de 2013
Transhumanismo
Sobre el Transhumanismo ¿Será Posible?
Ricardo B.
Todo el mundo ha pasado por una formación donde se
habla de los cambios históricos en las sociedades, cambios políticos,
culturales, sociales, religiosos, etc. pero esos cambios suponen siempre una
base permanente y esa base permanente es lo que se llama naturaleza humana, en
el sentido de que todo el proceso histórico mismo no es otra cosa que la
consumación de los elementos conformantes de la naturaleza humana. Ahora lo que
se pone en juego es la modificación de la naturaleza humana.
El Transhumanismo, aparece como una nueva ideología o filosofía,
progresista, perfeccionista en que la ciencia y la tecnología se aplican en la
capacidad transformadora del ser humano para erradicar definitivamente la
violencia y al mismo tiempo la irracionalidad propia de la especie, esto se
presenta hoy con una fuerza ya bastante importante proveniente del campo de la
biotecnología y de las utopías que tienen que ver con el alargamiento de la
vida humana y la superación de la enfermedad y el dolor por medio de la
inserción de tecnología dentro de la naturaleza humana. Sus
impulsores más conocidos son Nick Bostrom y William Pearce quienes fundaron en
1998 la World Transhumanist Association,
una organización internacional no gubernamental que trabaja por el
reconocimiento del transhumanismo como un objeto legítimo de la investigación
científica y la política; y Max More fundador del Instituto Extropy.
La naturaleza humana se concibe como algo mutable y
modificable y se irá hacia formas de vida transicionales en función del
mejoramiento de la calidad de vida, del quantum de placer y del quantum de
conocimiento posible para la especie. Esto
puede presentarse como una ideología
peligrosa porque en última instancia se va a definir lo que es humano y
lo que no es humano, es decir, se definirá HUMANO a quien haya optado por esta
interacción biotecnológica mientras que quien no haya hecho esta opción queda
relegado dentro de la especie, aquí se pone en juego lo que es HUMANO y su
naturaleza.
¿Será esto posible? Por lo pronto podemos sostener
que la naturaleza humana puede ser transformada, porque hemos sido educados
para comprender que todo esto es posible y que no hay nada que pueda detener al
desarrollo tecnológico.
Desde otra perspectiva, esta idea transhumanista se presenta como una visión ultrarracional del mundo en
el sentido que establece dos nuevos peldaños evolutivos sobre la humanidad.
Estos nuevos peldaños son el
TRANSHUMANISMO y el POSHUMANISMO, son las nuevas instancias en las que han
ingresado las sociedades tecnológicamente desarrolladas.
Los antecedentes de esta visión del mundo están
dados por los defensores del derecho penal que ven en el delito un atraso de
personalidad y que ven en la cárcel un argumento de carácter emocional que no
conduce a nada.
Seguimos con la idea del hombre máquina de La Mettrie en el siglo
XVIII, se conecta con la idea de la medicina mecanicista que llega hasta
nuestros días y que entiende al hombre como una máquina, aceptando el mecanicismo
cartesiano, lo aplica a todo el hombre. La diferencia entre animal y hombre le
parece sólo cuantitativa y no cualitativa, y todo aquello que la metafísica
cartesiana atribuye al alma puede ser explicado, según él, como modificación de
la materia: incluso el pensamiento que no es más que una prolongación de la
sensación, común a todos los animales y completamente material.[1]
Otro antecedente es la antropología física del siglo
XIX, seguido por las investigaciones genéticas realizadas durante el Tercer
Reich alemán y llegamos a las posiciones actuales desde los grandes
emprendimientos científicos operados en el campo de la biología desde 1970
hasta hoy.
Tecnoutopías
Este tipo de manipulaciones en el cuerpo hoy ya son
posibles y no solo posibles en términos científicos sino en términos
culturales, y en este último término se torna más grave porque es aceptar sin
ninguna crítica que la naturaleza humana es algo alterable de por sí. Tenemos
ya mucha ideología en torno de la negación de que haya una naturaleza humana,
por ejemplo el positivismo que estableció la visión del hombre sin naturaleza y
sólo con historia. Está Sartre que en su libro El
existencialismo es un humanismo, niega que haya una
naturaleza humana, una naturaleza universal, pero afirma que existe una
"universalidad humana de condición" según las situaciones
históricas de cada época.
Existen
hoy otros conjuntos de condiciones para poner en duda el concepto de humanidad,
la posibilidad de sexo voluntario y el concepto de género establece toda una
variante sexual que hasta entrado el siglo XX la humanidad no contempló. Esto se convierte en una variable de ajuste
demográfico urbano que genera un choque
de costumbres, pero existe una
adaptación y aceptación en las generaciones juveniles. La aparición de estos
colectivos de género (feministas, travestis, homosexuales) tienen funciones
políticas, culturales y económicas. Estos grupos de género crearon una militancia
destinadas a golpear sobre la ley, en algunos casos la modifican y quien no las
acepte queda fuera de la ley. Es un movimiento que impacta en el derecho y como
se dijo al principio están avalados por los defensores del derecho. Esto trae la
descomposición de la familia tradicional y contribuye a un modelo social sin capacidad
de ahorro, contrario a la época de la sociedad urbana industrial clásica y el
estado de bienestar.
El
Transhumanismo va siguiendo estas ideas para aplicarlas en sus tecnoutopías, y
tengamos en cuenta que estas utopías están desde el ingreso a la modernidad,
siempre se ha visto que el hombre es algo posible de ser transformado y
modificado hasta circunstancias impensables. Aquí están el conjunto de
elementos que llevan a suponer la viabilidad de estas posiciones, el argumento
es este: En la Antigua Roma las personas
alcanzaban un promedio de vida de 25 años. En 1901 los hombres vivían hasta los
45, mientras que las mujeres lo hacían hasta los 49. En la actualidad una
persona con 45 años se considera joven y la expectativa de vida oscila entre
los 70 y los 80 años (en la Argentina es 74). Siguiendo estos parámetros, se
pregunta el sociólogo Peter Healey, uno de los organizadores de la conferencia
en Oxford, "si los descubrimientos médicos y científicos continúan, ¿por
qué las personas no podrían vivir más allá de 100 años?”. Pero,
¿cuáles serían los avances necesarios para ser posible la vida luego del
centenario?
Según
los transhumanistas , en un futuro relativamente cercano será posible utilizar
terapias del tipo genético y otros métodos biológicos para bloquear el proceso
del envejecimiento y estimular el rejuvenecimiento y la reparación de los
tejidos en forma indefinida y es posible que una tarea de este tipo solo pueda
ser llevada a cabo por la nanotecnología, un
conjunto de técnicas que se utilizan para manipular la materia a la escala de
átomos y moléculas.[2]
¿A
que va unida la superación del concepto de humanidad? Está unida a una concepción
epicúrea de la vida, prolongar el placer y descartar el dolor. En nuestra sociedad hoy esto se busca en el
consumo de drogas, pero estas dan placer y euforia momentáneamente hasta que se cae en un pozo depresivo, para después
volver a consumir.
La medicina
transhumanista viene a superar al consumo de drogas, junto con la industria
farmacológica utópica lograrán, que no se caiga en ese pozo depresivo sino que
sea permanente el estado de placer y euforia. Hay que erradicar la totalidad
del sufrimiento humano y está la tecnología para lograrlo. Para esto hay que
apropiarse del sistema nervioso humano y para lograr un placer permanente y
sostenido, tenemos que mutar biológicamente, complementando con tecnología las
deficiencias biológicas humanas.
Nos dice David Pearce:
¿Un nuevo “mundo
feliz”? Este argumento es más complicado de desmontar con rotundidad. La
biotecnología puede reforzar al ciudadano individual más que al Estado. Por
ejemplo, mejorando la iniciativa para incrementar la autonomía personal y la
participación activa en la sociedad. Por contra, la baja iniciativa está
asociada a la subordinación y al retraimiento social. El soma de
Huxley estaba equivocadamente recomendado como una “droga de placer ideal”.
Verdaderamente la farmacología utópica superará eso. [3]
Verdaderamente la farmacología utópica superará eso. [3]
Por eso el
transhumanismo se propone lograr mediante la tecnología la superinteligencia, el
bienestar por el control de los centros de placer y nuevas drogas para mejorar
la personalidad, nanotecnología molecular para alargar la expectativa de vida y
así llegar a una existencia posbiológica.
¿Cuál sería la
importancia de la corporación medica para el transhumanismo? Se fundamenta desde el paradigma del modelo médico
hegemónico, o sea el triunfo del modelo industrial y legalista de la medicina.
El conflicto puede
producirse por la limitación o la ilimitación de la investigación científica,
aunque ya hay antecedentes en la Alemania nazi, con las experimentaciones con
seres humanos del doctor Menguele. Estas prácticas en su momento no tuvieron
objeciones morales al ser legitimadas por la población.
Ahora bien, el problema
radica en que hay un sector de la población que va a definir que es humano y
que no, en la Alemania nazi pasó lo mismo, se quitó la condición de humano al
judío y por eso pudieron ser posibles los experimentos. Entonces nos cabe la
pregunta ¿Quiénes son los que van poder acceder a este desarrollo? por
supuesto, tenemos que tener en cuenta que estas ideas provienen del mundo
anglosajón y por lo tanto se crea un nuevo “centro y periferia”, porque en el
estado actual que se encuentra la humanidad esto se presenta como inviable. Por eso quienes alcancen este desarrollo será
un pequeño sector de la humanidad y serán los que determinen que es lo humano.
En esta posibilidad de salto social, cultural y biotecnológico estamos hoy en
la frontera, porque desde el punto de vista del conocimiento, la tecnología es
conocimiento que produce el ser humano, pero esta tecnología no se distribuye
equitativamente, entonces la tecnología define la separación entre sociedades
mucho más violentas que la pudo haberse planteado en el siglo XIX y el XX, donde
la disponibilidad o indisponibilidad del bien tecnológico determina que quien
no posee pierde humanidad.
Críticas
al transhumanismo.
La Iglesia ya levantó
su voz contra esta utopía que quiere jugar a ser Dios, desde la página religión en libertad nos alerta: “La perspectiva ética del transhumanismo es
plenamente utilitarista”,
afirma la doctora Elena Postigo Solana, profesora de Bioética en la Universidad
CEU San Pablo y miembro de la Pontificia Academia para la Vida. Postigo, pionera en el estudio de esta
corriente en España, ha analizado sus postulados y sus implicaciones bioéticas:
“En la teoría transhumanista la persona se reduce exclusivamente a
racionalidad: es persona solo quien aquí y ahora es capaz de razonar.
No es persona, en cambio, quien no está en condición de razonar, como los
fetos, los embriones, los discapacitados privados del uso de razón, las
personas en estado vegetativo persistente o en coma”, asegura.
“Se produce así una incapacidad para entender la dignidad ontológica, intrínseca, de todo ser humano. Se reduce al hombre a un ser material como otros seres, y entonces el poder tecnocrático o el poder político pueden decidir sobre su dignidad.
No hay más que recordar, por ejemplo, la afirmación “vidas no dignas de ser vividas”, empleada como criterio decisivo por las políticas nazis en la “Operación eutanasia T4”, que produjo la discriminación y la eliminación física de personas deformes o con demencias graves”, sostiene.[4]
“Se produce así una incapacidad para entender la dignidad ontológica, intrínseca, de todo ser humano. Se reduce al hombre a un ser material como otros seres, y entonces el poder tecnocrático o el poder político pueden decidir sobre su dignidad.
No hay más que recordar, por ejemplo, la afirmación “vidas no dignas de ser vividas”, empleada como criterio decisivo por las políticas nazis en la “Operación eutanasia T4”, que produjo la discriminación y la eliminación física de personas deformes o con demencias graves”, sostiene.[4]
Continuamos con esta
página: La peligrosa ambición de
dominio
Los partidarios del transhumanismo suelen afirmar que es el pensamiento religioso el que lleva al cuestionamiento ético y moral de sus técnicas; sin embargo, son muchos los filósofos y biólogos agnósticos y ateos que rechazan total o parcialmente sus postulados, como es el caso del teórico y politólogo Francis Fukuyama, el filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas o el profesor Michael Sandel, de la Universidad de Harvard.
“El problema no es tanto el dominio de la tecnología sobre el hombre, sino la misma ambición de dominio y el poder que esta le otorga”, asegura el profesor Sandel. Una idea compartida por Fukuyama, que ha definido el transhumanismo como “una de las ideas más peligrosas del mundo”, porque “altera la naturaleza humana y el concepto de la absoluta igualdad entre todos los seres humanos, que es el fundamento de toda sociedad democrática”.[5]
Los partidarios del transhumanismo suelen afirmar que es el pensamiento religioso el que lleva al cuestionamiento ético y moral de sus técnicas; sin embargo, son muchos los filósofos y biólogos agnósticos y ateos que rechazan total o parcialmente sus postulados, como es el caso del teórico y politólogo Francis Fukuyama, el filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas o el profesor Michael Sandel, de la Universidad de Harvard.
“El problema no es tanto el dominio de la tecnología sobre el hombre, sino la misma ambición de dominio y el poder que esta le otorga”, asegura el profesor Sandel. Una idea compartida por Fukuyama, que ha definido el transhumanismo como “una de las ideas más peligrosas del mundo”, porque “altera la naturaleza humana y el concepto de la absoluta igualdad entre todos los seres humanos, que es el fundamento de toda sociedad democrática”.[5]
A
modo conclusión
Sea como fuere, aunque
creamos que el transhumanismo sea ciencia ficción está ya desarrollándose entre
nosotros, los movimientos revolucionarios de género, ecologistas, etc. le
están allanado el camino. El Unabomber fracasó y el avance tecnológico nadie lo
puede parar.
¿Qué nos queda?
¿Podremos resistirlo? ¿Habría que resistirlo? ¿Seremos la especie a eliminar? Y
si nos llega la oportunidad ¿nos convertiríamos en poshumanos? Quizá las
respuestas a estos interrogantes sea NO, pero si lo vemos de este modo ¿No
haría uno lo que sea por salvar la vida de su hijo? La ecografía hoy puede mostrarnos
que un bebé puede venir con una malformación que se llama trisomía 18 y es
incompatible con la vida, y si tuviese la posibilidad de modificar mediante
nanotecnología ese cromosoma18 para que ese bebé pueda vivir ¿Habría objeciones
éticas hacia quienes juegan a ser Dios?
jueves, 25 de noviembre de 2010
Bacilleratos Populares. Una vieja receta puesta en práctica.
Para este trabajo, la primera parte fue basada en una investigación previa titulada "Una Escuela Para Todos. Orientación nacionalista de la escuela primaria" en colaboración con mi compañero Alejandro U. y fue presentado en las jornadas del Bicentenario "La historia argentina mirada desde el 2010: continuidades, rupturas y cambios" en el I.E.S. Nº1 Alicia Moreau de Justo el 13 y 14 de octubre de 2010.
A modo de introducción
Después del estallido del 19 y 20 de diciembre de 2001, entre otros proyectos que emergieron desde las bases mismas de las asambleas barriales y movimientos piqueteros, comenzaron a aparecer lentamente los bachilleratos populares, para disputarle abiertamente al Estado la hegemonía de la educación pública.
Esta experiencia, aunque parezca novedosa, tuvo un antecedente a principios del siglo XX, quizá desconocida para más de uno, pero con el mismo espíritu de confrontación frente a un Estado que busca homogeneizar a la población dejando de lado intereses, culturas y por sobre todas las cosas, respeto por el individuo.
Un Poquito de Historia
Desde fines del siglo XIX y comienzos del XX en la República Argentina opera un período modernizador que trae una serie de problemas de los que deberán dar cuenta los intelectuales de la época. Estos problemas abarcan, entre otros, el ámbito social y migratorio.
La generación del ‘80 adhirió a las propuestas pedagógicas de Sarmiento, otorgándole un papel central a la educación como motor en la construcción de la nación. Es decir que se propusieron introducir la cultura de la secularización, lo cual en educación significará enseñanza utilitaria, racional y científica, tomando los ejemplos más avanzados de la educación moderna de Europa y Estados Unidos.
En aras de este proyecto el Estado Nacional dio respuestas concretas a esta problemática creando el Consejo Nacional de Educación y el primer Congreso Pedagógico Nacional en 1882, destinado a trazar las líneas de la política educativa, para más tarde, en 1884, concretar la promulgación y aplicación de la ley 1420 de Educación Común.
Podemos decir que la percepción de la educación como eje importante para el progreso de la Nación “se caracteriza por el optimismo pedagógico y por el espíritu pragmático: de acuerdo con los lineamientos del paradigma sarmientino, la relación entre la educación y la economía conducía a valorizar los conocimientos útiles en función del trabajo y de la formación del ciudadano”.[1]
A medida que avanza el proceso de modernización y secularización, con él avanzan también nuevos conflictos sociales (consecuencias del surgimiento de nuevos actores sociales con intereses específicos), que en el siglo XX hicieron que la élite tenga percepciones completamente distintas de los inmigrantes, que de ser vistos como clases laboriosas y productivas pasaron a ser clases potencialmente peligrosas. A la élite no le agradó ver la enorme presencia de las masas de inmigrantes que se distribuyó en todas las capas sociales, en todos los espacios urbanos y en todas las ocupaciones, siendo incluso en algunas de estas últimas dominantes. A su vez – y esto es lo que nos compete- los inmigrantes le generaron un conflicto en el nivel de su hegemonía cultural a la élite gobernante, porque tenían sus propias instituciones educativas, donde hablaban sus lenguas originarias y conservaban la simbología de sus patrias de origen, además de introducir “ideologías peligrosas” contra la patria y la propiedad representadas por el anarquismo y el socialismo. Dejando de lado “las ideologías” este tipo de educación, que estaba por fuera del Estado, no venía a competir contra él, sino que la escuela hasta ese momento no era lo suficientemente inclusiva. Es a partir de este momento cuando la élite comenzó a diseñar y a ensayar distintos planes político educativos para poder revertir esta situación de amenazante heterogeneidad. Es decir, al sector dirigente se le tornaba imperioso “argentinizar” a los extranjeros y contribuir a la formación de una identidad compartida y es a través del patriotismo[2] donde encontrarán las respuestas.
En 1910 asume José María Ramos Mejía como presidente del Consejo Nacional de Educación “urgido por generar una enseñanza con contenidos nacionales, diseña la ‘educación patriótica’ como línea maestra de su acción: los festejos del Centenario serán el escenario apoteótico de la liturgia con la que pretenden imbuir, a través de un adoctrinamiento sostenido, de actitudes y sentimientos nacionalistas a la población estudiantil. La instrucción queda subordinada a un proyecto de instrucción nacionalista (patriótica)[3]en el que se antepone la función de adoctrinamiento ideológico; los contenidos quedan relegados a una función ancilar.”[4] La escuela entonces se convierte en la “fábrica de hacer argentinitos”, un lugar que prefiere homogeneizar más que educar, y frente a esto las tan temidas “ideologías” intentaron quebrar el monopolio de la educación al Estado.
En 1912 se funda la Liga de Educación Racionalista, basada en los valores de la Escuela Moderna de Francisco Ferrer i Guardia[1] de España. Entre sus fundadores se encuentran Alberto Ghiraldo, Julio R. Barcos, Enrique del Valle Iberlucea y Alicia Moreau de Justo. Esta liga publica una revista llamada La Escuela Popular, desde donde exponen sus ideas de cómo debería ser la educación: “El Estado fiel a sus propósitos especuladores de su conservación, se ha apoderado de la dirección y administración de la instrucción pública (…) ¿Cuál es el pretexto? Darle uniformidad de miras a la obra educacional del país: `hacer patriotismo` que no es lo mismo que hacer `patria` (…) La escuela estatal no educa, no forja la personalidad del futuro hombre apto para la libertad, para la acción personal por la lucha por la vida y por los ideales de la vida, y sí, en cambio, embauca la inteligencia infantil, deprime, embrutece, fragmenta y apoca el alma de la juventud que concurre a sus aulas”[2]
Expondremos a continuación sus bases y fines:
Artículo 1: Queda constituida con el nombre de Liga de Educación Racionalista, una asociación popular cuyos fines son los siguientes:
A- Hacer conocer por todos los medios de propaganda los fines y principios de la educación racionalista.
B- Tratar de hacer converger todos los esfuerzos de todos los que comprenden la necesidad de reformar la Escuela actual, para la elaboración de un sistema de educación y de un plan de enseñanza que realice el concepto científico y humanitario de la Pedagogía moderna.
C- Llevar a la práctica ese concepto por la fundación de Escuelas Racionalistas que serán campos de experimentación de ese plan y sistema.
Artículo 2- Acepta como principio de acción y base de su obra que: El problema de la educación debe ser considerado desde el punto de vista social y desde el punto de vista individual, por lo tanto:
A- La escuela debe preparar en cada educando un elemento útil a la colectividad y siendo el progreso la condición de vida de ésta, hará de cada niño un hombre susceptible de concebir un ideal de mejoramiento integral de la vida; orientará los espíritus en formación hacia el futuro, no hacia el pasado.
B- La instrucción no es todo; sola no forma sino eruditos. Debe intentarse el desarrollo equilibrado y armónico de todas las aptitudes y tendencias útiles para formar al hombre sano, de mente clara y sin prejuicios, cuya vida moral tenga por base el sentimiento de solidaridad social.
C- Todo sistema de educación debe partir del conocimiento exacto de la naturaleza física y psíquica del niño é inspirarse en los métodos de la ciencia.
D- La verdad aceptada y demostrada, dentro de su carácter relativo, lo inspirará desechándose por lo tanto todo dogma, todo hecho que no tenga otro apoyo que la autoridad o la tradición.
E- La escuela no debe imponer, debe demostrar y persuadir; despertar la inteligencia, estimular el raciocinio, hacer que en cada sujeto se afirme una individualidad.[7]
Por lo tanto, a diferencia de la escuela del Estado que busca homogeneizar, la Educación racionalista busca lograr individuos solidarios, busca desde un primer momento que sus alumnos desarrollen un pensamiento crítico y que no acepten lo que el maestro les diga como si fuese una verdad revelada.
De todas formas, esta experiencia nunca pudo terminar de plasmarse en la sociedad, si bien algunos años antes se fundaron algunas escuelas anarquistas[8], todas tuvieron corta duración. Y la Liga de Educación Racionalista (en la cual convergían anarquistas y socialistas, por eso no la considero educación anarquista) no pudo cumplir con uno de sus objetivos fundamentales que es fundar nuevas escuelas que compitan con las estatales.
Cien años no es nada
El Estado va hegemonizando la educación, incluyendo cada vez más la población y podemos decir que llega a su punto máximo durante los primeros gobiernos peronistas. Pero el deterioro que va teniendo el Estado a partir del último gobierno peronista, pasando por los gobiernos militares y democráticos donde se hace carne el neoliberalismo y se cambian las reglas del juego donde muy pocos ganan y la mayoría perdemos, el estallido se torna inevitable, como explica Claudia Korol “La rebelión del 19 y 20 de diciembre (2001) llamó la atención al bloque de poder sobre la imposibilidad de seguir gobernando del mismo modo, aplicando a rajatabla las políticas fondomonetaristas”[9]
Después de la rebelión del 19 y 20 se da un hecho inédito en la historia argentina, aparecen las asambleas barriales y los movimientos de trabajadores desocupados –si bien existen de unos años antes, se instalan en el espacio público hasta hoy- y desde allí buscar las soluciones que el Estado no es capaz de dar.
Entre estas soluciones está la educación popular, “como dimensión pedagógica de los procesos de resistencia y de creación de poder popular, como espacio para la teorización de las nuevas prácticas populares y de creación colectiva de conocimientos, como pedagogía de los oprimidos y oprimidas, pedagogía –como escribió Paulo Freire- de la indignación, de la rebeldía, de la rabia y de la esperanza.”[10]
A cien años de las primeras experiencias de educación popular, vuelven a aparecer y esta vez con una fuerza incontenible las Escuela Populares, pero esta vez están dirigidas a los adolescentes y adultos conocidas por el nombre de Bachilleratos Populares.
Una Experiencia. La Escuela Libre de Constitución.
Para no teorizar, vamos ver la experiencia de la Escuela Libre de Constitución (ELC en adelante), este bachillerato cumple tres años y se recibe el primer tercer año de su historia. La vieja receta se puso en práctica y da su primer resultado. La ELC funciona en el local de la Federación Libertaria Argentina, donde existe una biblioteca y un archivo-hemeroteca específicos del anarquismo.
Conversamos con María del Carmen Cáceres, profesora y licenciada en historia, quién junto a Martín Acri –también profesor y licenciado en historia- dieron el impulso para la creación de este bachillerato popular. Vale decir que ellos no son los fundadores, sino quienes trajeron la propuesta, el grupo entero de profesores y alumnos son los fundadores.
¿Cómo surgió la idea del bachillerato?
Bueno, en el 2007 lo comentamos acá con los compañeros de la casa la idea de formar un bachillerato, ya conociéndonos (los compañeros de la FLA) por la investigación que veníamos haciendo sobre la educación libertaria de argentina desde finales del siglo XIX hasta 1945, con la tesis y con trabajos menores que fuimos haciendo para el taller de educación popular, entonces pensamos en crear una escuela en un espacio que tiene tanta trayectoria de militancia y de lucha de los trabajadores y bueno, motorizar las ideas de aquellas escuelas de principios del siglo XX.
Al año siguiente se hizo la convocatoria, a la casa le pareció bárbaro[11], hablamos también de la tensión que existe con el tema de los títulos, que es una necesidad para el pibe que entra al bachillerato por eso de conseguir un trabajo o poder seguir los estudios y sabiendo que el título también lo da el Estado, por eso hay como una tensión y todavía sigue existiendo, si bien ahora no hay tanta discusión con respecto a ese tema, también es una lucha conseguirlos, aunque este año ya nos los garantizaron para la primer camada.
Sobre las propuestas pedagógicas, ¿Está inspirado en la Escuela Racionalista o en algo más, Freire por ejemplo?
Más allá de la inspiración por los estudios que hicimos, en realidad nos basamos en lo que es la educación popular desde el punto de vista “freiriano”, esto es de romper un poco con la educación bancaria que todavía se da en el sistema formal, trabajar con el estudiante, interactuar, trabajar no solo temas desde la cotidianeidad de ellos, sino brindarles determinadas temáticas que ni siquiera la escuela secundaria le brinda. Los profesores de aquí, en su mayoría son universitarios o tienen una formación distinta (sic), entonces no se trata de la mera formalidad, bajar contenidos y ya, sino ampliar la gama. A veces los chicos se sorprenden, piensan que el bachillerato es fácil: “ah, bueno, son tres años, me recibo”, no, acá se discutió desde el vamos el qué enseñar…quizá todavía nos falte el cómo enseñar. Acá se respeta la libertad de cátedra, los profesores tienen sus grupos de trabajo. También brindarles –en una realidad en que el problema es el trabajo-ciertas herramientas con las que puedan el día de mañana desenvolverse…Y desde el punto de vista libertario, brindar la libertad de elegir…quizá falte mucho para lograr la autonomía del estudiante, vos pensá que venimos de un sistema plasmado(sic), destruido y escolarizado, entonces es muy difícil decirles “elijan las lecturas que quieran” como pretendían las escuelas libertarias de principios del siglo XX, esto falta construir, hay que deconstruír el sistema escolarizado y poder generar esto, de la libertad de elegir temas.
Lo que hicimos este año (2010) que los alumnos de tercero discutan el plan de estudio, incorporar nuevas materias, la necesidad de incorporar geografía para primero surgió de los mismos estudiantes. Lo que también se logró fue el funcionamiento de las asambleas, no solo de los profes y los alumnos por separado, sino que se da entre todos, esto sirve para que aprendan que las decisiones las tomamos en conjunto.
¿Me podés contar como es la “burocracia” del bachillerato?
Mirá, la no existencia de directivos o de personal, acá la división de tareas la tratamos de hacer entre todos. Los directivos se rotan, no son siempre los mismos, las decisiones se toman entre todos, que da, como terminar, como afrontar la situación frente a los otros bachilleratos -porque no es que estamos aislados- para lo que es la lucha por el título o por recursos y demás, tenemos que estar con los otros bachilleratos porque sino no te sale nada. Y bueno…para conseguir recursos los chicos estamparon unas remeras en el taller de serigrafía que las estamos vendiendo con el lema: Ni amo, Ni patrón, Ni director…y bueno…
Explicame el tema de los directivos, porque primero me dijiste que no existen y después que rotan…
Los directivos es pura formalidad para las firmas de certificados y demás, las decisiones se toman en la asamblea, las muy inmediatas resolvemos los compañeros que están en ese momento. Desaparece la figura de jerarquía, tampoco hay colegiado, porque en otros bachilleratos hay colegiados, esto es por ejemplo, tres referentes y todo pasa por ellos, acá no, acá es todo el grupo el que toma la decisión.
¿Tienen pensado hacer un seguimiento con los chicos que se reciben y quieren continuar con sus estudios?
Estamos pensando en hacer un cuarto año, nosotros decíamos que con un tercer año no alcanza y más con la formación con la que vienen los chicos. Siempre hablo del analfabetismo funcional, que por más que los pibes sepan leer y escribir carecen de ciertas herramientas como la lectura comprensiva en un nivel o el análisis de texto, de novelas o material académico, ni hablar de matemática que tienen que empezar casi de cero para poderse nivelar. Entonces lo que se pensó para el año que viene, viendo que es lo que van a estudiar, una apoyatura en determinadas materias y quizá el día de mañana, cuando tengamos más energía y recursos armar un cuarto año de especialización. Lo que también estamos viendo que hay chicos que cuando terminen no quieren irse, así que van a sumarse a dar clase o compartiendo algún espacio.
¿El trabajo en el aula es con pareja pedagógica?
Por lo general sí, sobre todo en el área de sociales, en las de exactas es más difícil…
¿La idea es que siempre haya?
Sí, el problema es en el área de matemática que hay un solo compañero, a veces se acerca alguno y le da una mano. Pero sí, hay que romper con eso de que haya un único profesor, aparte las clases se hacen más dinámicas, se pueden cubrir en el caso de que falten…si, pareja o grupo pedagógico porque en algunos casos son tres.
¿Y sobre el tema de límites, disciplina con los alumnos, que me podés contar?
Mirá, es difícil, siempre empezamos de cero con el tema de “la libertad”, pero como justamente es un proceso a construir y ellos están acostumbrados a la disciplina, la sanción y demás, cuesta un montón, entonces cuando le decís “si no te gusta y si querés andate” ellos se levantan y se van y no se dan cuenta que se están perjudicando, entonces uno de los métodos que implementamos este año es que firmen a la hora de retirarse, eso implica la responsabilidad de si están dentro o no de la casa, por más que la cuestión legal todavía no está saneada(sic), entonces al hacerse cargo de que ellos son los que se retiran por cualquier razón, comienzan a ver que se están perjudicando ellos, hacerles ver que la libertad que se les da tienen que aprovecharla. El bachillerato es elegir estar, compartir y trabajar con el otro, y si se van el perjudicado es el alumno…esto siempre tratamos de hablarlo, quizá al principio no lo entienden y pasa mucho: “ah, me rateo y me voy o que bueno tengo hora libre” porque es muy común porque están acostumbrados al otro sistema.
Pero el cambio de mentalidad ¿lo notan a partir de cuando?
El año pasado hubieron pequeños robos, y en ese caso decidimos no decidir el docente sino la asamblea, ¿qué hacer? porque surge todavía esto de la condena o la culpabilidad, al que es chorro revisarle la mochila, hay que echarlo, está todavía eso de incriminar, porque estamos en una sociedad donde es muy común echarle la culpa al otro y no hacerse responsables de las cosas. Pero bueno, la asamblea funcionó justamente en ese sentido, para ver que se puede resolver de otra manera. Con el tema de la limpieza, lo que tratamos medianamente es que nosotros limpiamos porque aquí no hay porteros, entonces que ellos también limpien su propio espacio, que lo cuiden…y la verdad que funciona…
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| El taller de arte de la E.L.C. |
Hay chicos que no tuvieron la experiencia de la secundaria formal y en lugar de anotarse en un CENS, apareció esta oportunidad y la aprovecharon. Pero otras personas se acercaron porque fueron expulsadas del sistema, como el caso de Ana que por ser extranjera, no le querían validar lo que había cursado de secundaria en Perú o de Paula, que puede terminar sus estudios porque puede concurrir con sus hijos a la escuela.
Los que tuvieron experiencia en la educación formal, lo que más resaltan es la relación que se genera con el docente, no lo ven como una persona subido en el pedestal de la erudición, sino como un compañero que sabe más y que respeta al alumno como merece ser respetado.
A modo de conclusión.
Si bien los escenarios son distintos a principios de ambos siglos, estas experiencias de educación popular se dieron en momentos en que la legitimidad del Estado estaba puesta en duda. El Estado Nacional con el correr del siglo XX pudo incluir a la mayoría de la población, logrando hegemonizar la educación.
La semilla fue puesta en el siglo XX y las flores son del siglo XXI. Lo que queda por hacer es que estas experiencias crezcan y se conviertan en un árbol alto y fuerte. Que no sea sólo la educación de los desplazados, sino que se convierta en lo que dice ser, Educación Popular, educación para el pueblo y desde el pueblo…y el pueblo somos todos.
Ricardo B.
Bibliografía
DI TULLIO, Lucía Ángela; Políticas lingüísticas e inmigración. El caso Argentino, Eudeba, 2003.
KOROL, Claudia, Pedagogía de la Resistencia, Cuadernos de Educación Popular. Ediciones Madres de Plaza de Mayo, Buenos Aires, 2005.
La Escuela Popular Nº1, 1912
[1] Di Tullio, Lucía Ángela; Políticas lingüísticas e inmigración. El caso Argentino, Eudeba, 2003 Pág. 127
[2] Hago referencia al patriotismo y no al nacionalismo, porque este último es una doctrina que aparecerá en la década del 30.
[3] “patriótica” es mío.
[4] Ídem. Pág. 172.
[5] Para un acercamiento a este tema se recomienda leer Ferrer i Guardia, F. La Escuela Moderna, Ed. Zero, Madrid. 1976.
[6] La escuela Popular Nº1, 1912, Pág. 1.
Esta publicación consta de 20 números editados entre octubre de 1912 y julio de 1914.
[7] Ídem. Pág. 9.
[8] A principios del siglo XX, se fundó la Escuela Moderna de Luján, La Escuela Moderna de Buenos Aires, La Escuela Libertaria Nueva Humanidad que funcionaba en la sociedad de panaderos.
[9] Korol Claudia, Pedagogía de la Resistencia, Cuadernos de Educación Popular. Ediciones Madres de Plaza de Mayo, Buenos Aires, 2005. Pág. 10.
[10] Ídem. Pág. 10
[11] Aquí se refiere a los militantes de la FLA.
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